miércoles, 30 de diciembre de 2009

Desliz ortográfico

Todos sabemos que los verbos en -ger o -gir se escriben con ge salvo tejer y crujir. Pero en este anuncio se olvidaron de las normas ortográficas. El error está provocado por la frecuencia de las formas con jota: elijo, elija... pero en los demás casos se escribe con ge: eligieron, eligiré, eligen...

martes, 15 de diciembre de 2009

Ambigüedad


Decía Salvador Fernández que el sistema de la lengua no era tan sistemático como creían los defensores del estructuralismo a pie juntillas y una demostración de este excepticismo antiinmanentista está en las ambigüedades que jalonan el hablar y muestran las deficiencias estructurales de los idiomas, sistemas no tan perfectos como quisiéramos.

Aquí si no fuera porque sabemos la honorable trayectoria y la recta intención del señor arzobispo nos quedaríamos perplejos. Suponemos enseguida que ruega a los ladrones que recapaciten y devuelvan las joyas de fiesta que robaron en San Lucas de Colán, la víspera de la fiesta de Santiago apóstol, de la imagen del santo que presidía los festejos del pueblo, desde la puerta de la iglesia, rodeado de feligreses. Pero también podría entenderse que solicita a las autoridades que les den más capacitación a los ladrones, como si un aumento del 40% de la delincuencia fuera todavía insuficiente.

No es que cada cual pueda interpretar lo que se le antoje, sino que el redactor debe procurar no caer en esa trampa que tienen los idiomas por su misma condición de hechos humanos y tradiciones culturales.

Errare humanum est.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Objeto de aprobación

Aunque a primera vista parece que el error estuviera en el titular, lo cierto es que hay que buscarlo un poco más abajo, porque el redactor se confunde al hablar de "la aprobación o no de la carta de renuncia del director", ya que no se aprueba o desaprueba la carta sino que el objeto de aprobación es la renuncia que se expresa en dicha carta. Hay una confusión por metonimia o sinécdoque, en que se trueca continente por contenido.
El titular produce cierta confusión por el uso local de la preposición hasta, que dicho así parece que la reunión dura hasta el jueves cuando lo que se quiere decir es que se posterga hasta el jueves. Se traslada para el jueves: "se espera para esa fecha la presencia de la alcaldesa". Ambas preposiciones están entremezclando sus empleos aunque en principio señalan cosas diferentes (hasta significa 'límite', para significa 'dirección, finalidad'). Es que en México, Centroamérica, Colombia y también en el norte del Perú la partícula hasta está perdiendo su contenido de 'límite' para adquirir matices meramente intensivos: "la reunión será hasta las seis" es decir, "será a las seis". Al generalizar su significado adopta así otros empleos en que en castellano general necesita la negación para marcar el límite. Esto lo descubrió a fines del siglo XIX Rufino José Cuervo en Bogotá: "Hasta las cuatro llega", "Hasta llegar a casa me habló", que en cualquier otra parte significaría que llega a las cuatro, y que no me habló hasta llegar a casa:

"Para cualquiera persona de otra tierra, la frase "hasta el veinte trabajo" significa que el trabajo cesa el veinte; un bogotano no sabrá al oírla si el trabajo cesa o comienza"[1]

Eso hizo que Manuel Alvar y Antonio Quilis incluyeran varias preguntas sobre el uso de esta preposición en el cuestionario para el Atlas Lingüístico de Hispanoamérica, titánico esfuerzo que pudo completarse a duras penas y sólo ha sido publicado en algunas secciones, pero permitió descubrir, por ejemplo, que este uso de hasta se daba también en el norte del Perú gracias a las encuestas realizadas por Rocío Caravedo como parte del proyecto.[2]

El cuestionario indicaba en el uso de hasta en las páginas 81-82, indicando en cada caso los dos posibles significados que recibía en unas zonas u otras del español americano:
-Abren hasta las 11 = 'A las once abren' / 'A las once cierran'.
-Trabajan hasta las doce = 'Termina a las doce' / 'Comienza a las doce'.
-Viene hasta las once = 'A las once se va' / 'A las once llega'.
-Lo esperan hasta mañana = 'Mañana dejarán de esperarlo' / 'Creen que vendrá mañana'.

En el norte del Perú la situación es algo diferente que en Colombia o en México, puesto que aquí se confronta con la norma nacional peruana, más cercana al estándar, por lo que resulta más difícil registrarlo en la lengua escrita y en la medida de que se es consciente de la diferencia con respecto al habla limeña tenida como "oficial" se evita en el habla culta, aunque aparece subrepticiamente, como en esta denuncia periodística en que se preguntaban (con razón) cómo es que no borraban todavía las pintas electorales de la campaña del 2000: ¿Hasta cuando las borrarán? (El tiempo, Piura, viernes 5 de mayo de 2000, p. 6):

Un buen limeño pensaría que los piuranos están confundidos porque podría comprobar que todavía no han empezado siquiera a borrarlas y el texto ya lo dice: "por donde usted pase se observan pintas de los diferentes partidos y agrupaciones políticas". Y es que la pregunta se formularía en español general de otra manera muy distinta: ¿Hasta cuando no las borrarán? ¿Hasta cuando permanecerán pintadas?

Termino con dos testimonios de este uso de hasta norperuano en el habla popular que he recogido personalmente. Cuando pregunto por teléfono si puedo enviar un documento por correo me responde el interesado: "No, porque viene hasta dentro de dos o tres días". En Ayabaca me decían los estudiantes: "De aquí hasta las siete comemos."

La gramática no es un capricho, sino un medio que nos permite entendernos de la mejor manera posible y cuando cambia produce este tipo de distancias y perplejidades.

Notas:

[1] Rufino José Cuervo, Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano, con frecuentes referencias a los países de Hispano-América. 7a. edición, Bogotá, Editorial El Gráfico, 1939, p. 335.

[2] Ver Manuel Alvar, "Proyecto de un Atlas Lingüístico de Hispanoamérica". Cuadernos Hispanoamericanos. 409, 1984, pp. 89-106. Así también Manuel Alvar y Antonio Quilis, Atlas Lingüístico de Hispanoamérica. Cuestionario. Madrid, ICI, 1984. Rocío Caravedo, "El Perú en el Atlas Lingüístico Hispanoamericano." Lexis (Lima), XI, 2, 1987, pp. 165-182; y "El Atlas lingüístico Hispanoamericano en el Perú. Observaciones preliminares". Lingüística Española Actual, XIV, 1992, 287-299.

Que veinticinco años son nada

La publicidad no suele respetar las normas ortográficas en los que a las mayúsculas se refiere por l omenos, y tampoco tiene por qué ser coherente en sus expresiones, y es que muchas veces nos convence justamente con toda clase de figuras retóricas. Pero lo que empieza siendo una identificación entre un banco y su cliente (25 años creciendo contigo), se convierte en un despropósito, porque "durante 25 años de mutua confianza, renovamos el compromiso de continuar entregándote lo mejor de nosotros". Así que se han demorado o han permanecido 25 años renovando el compromiso de continuar entregando lo mejor...
Más o menos se entiende lo que se quiere dar a entender, pero resulta extraño por decir lo menos usar una referencia durativa ya cerrada (25 años) para referirse a un evento continuativo (un compromiso abierto al futuro). Me hace recordar la sorpresa que suscita el famoso poema de César Vallejo sobre la guerra civil española: "Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo". Y es que resulta difícil seguir algo que ya se ha cumplido.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Abuso de pasivas


Eugenio Coseriu puso de relieve que la frecuencia pertenece también a la lengua no en cuanto al sistema propiamente dicho, sino a la norma que rige su uso, por cuanto cada lengua tiene preferencias usuales respecto a unas posibilidades expresivas sobre otras. Un caso muy claro lo constituye la inclinación hacia las formas activas que tiene el castellano. Incluso cuando no hay agente o no se quiere expresar no se usa tanto la voz pasiva: El libro no fue entregado a tiempo, sino la pasiva refleja que pone el verbo en voz activa: No se entregó el libro a tiempo.
En este recorte vemos el titular en voz activa Verán pedido sobre inversión pública (con esa manía de quitar los artículos que tiene la gramática de los titulares), pero todo el texto está escrito en pasiva: sean utilizados, serán vistos, (además de los participios: destinados, prevista) y de paso que el sujeto paciente (los pedidos) resulta demasiado largo por culpa de todas esas especificaciones que casi marean al lector. El caso es que el castellano no suele hacer eso, pero sí es normal en inglés, que prefiere en muchos casos la expresión pasiva, por lo que parecería una forma de influencia de la gramática inglesa en el estilo de esta redacción. Seguramente lo hace porque el acontecimiento referido ya está expreso en el titular y sólo resulta pertinente aclarar la naturaleza de ese pedido que, dicho sea también de paso, constituye otra suerte de vuelco nada gramatical pero sí presupuestario.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Discordancia o ausencia de preposición

El error de este titular es evidente. Lo que cabría discutir es si se trata de una simple discordancia o si pudo deberse al olvido de la preposición: "mujeres en protesta", ya que el término puede ser sustantivo o verbo con el mismo cuerpo fónico (recurso que es muy común -pero no exclusivo- en lenguas como el quechua).

martes, 20 de octubre de 2009

Otra vez los gerundios


No se puede estar desconociendo y asegurando al mismo tiempo, y sobre todo no se puede esperar que dichos gerundios se presenten como complementos del verbo "precisó". El redactor debió haberse tomado un tiempo, poner punto y seguido, y comenzar un enunciado desde el principio. No se puede usar el gerundio indiscriminadamente para añadir cualquier cosa que nos falta decir en cualquier sitio y de cualquier modo.

viernes, 16 de octubre de 2009

Error no identificado

El castellano tiene una serie de verbos irregulares y volcar es uno de los que se conjuga como acordar, variando la vocal átona en un diptongo cuando esa sílaba adopta una articulación tónica. Esto es debido a la la evolución fonética del romance castellano desde el latín, y explicarlo sería algo complicado, pero básicamente la idea es que cuando la sílaba es tónica el hablante le presta lógicamente más atención, la articula con más precisión y cuidado, y de ahí que en la etapa de transición los hablantes sintieron la necesidad de distinguir esa vocal o que era más breve y un poco más abierta en latín.
El caso es que en América a veces se igualan las conjugaciones de algunos de estos verbos regularizándolos, y de volcar se conjuga la forma de presente volca en lugar de vuelca. Al contrario ocurre en el verbo amoblar que forma el participio en España amueblado cuando debería ser amoblado que es como se conjuga en América. Ironías de la vida, Juan de Arona se declaraba ufano en su rebeldía al aplaudir que América no trocaba el diptongo ue en o en palabras como suertero o buenísimo sacudiénosse así la "tiranía" ortológica peninsular. Arona exagera en sus maneras y a veces olvida algunas cosas, pero no podemos dejar de reconocerle su agudeza al percibir muchas de estas nimiedades del idioma.

No es nimiedad el otro problema que plantea nuestro estimado periodista de hoy, porque al redactar esa nota con un uso profuso de los pronombres enclíticos, que no dejan de ser utilísimos en castellano, termina haciendo un laberinto.
Se trata de las aventuras de un burro, que en dialecto piurano se dice piajeno, con perdón de la palabra. Dice pues que "el inesperado ingreso a la Panamericana de un piajeno -sobra la coma- no permitió a un ciudadano norteamericano eludir al animal y lo chocó violentamente matándolo en el acto". Hasta ahí no hay ningún problema (salvo tal vez la extrañeza de colocarle a un burro la gracia de ingresar donde no debía), y entendemos que con el pronombre de marras se refiere al burro. El verbo chocar tiene otro régimen en España donde se acompaña de preposición: chocó con el burro o chocó contra él.
A continuación interviene el personal policial "y lo puso a disposición de la comisaría, donde no se identificó" lo que no resulta tan extraño, si el piajeno aludido ya estaba muerto. Pero es que ahora no se refiere al burro sino al norteamericano, pero dicho así uno tiende a confundirse. Los pronombres no se ponen en lugar del nombre sino que lo señalan: son signos de otros signos, pero por su escaso cuerpo fónico no pueden evitar la ambigüedad: no sabemos a quién de los protagonistas de este entuerto se refieren y tendemos a pensar que aluden al último personaje mencionado, que es el animal y no el norteamericano.
El redactor debió avisar en su último enunciado que se refería al chofer del vehículo siniestrado y explicar el motivo de su frustrada identificación.

jueves, 15 de octubre de 2009

Por partida doble

En otra ocasión ya hablamos de los problemas que origina la negación y en este caso si no es por el contexto diplomático en el que se plantea la cuestión uno creería que el canciller peruano puso en claro que Perú "no responderá" de la misma manera para "no resentir" más las tensas relaciones bilaterales, aunque en realidad diga lo contrario, que lo hace para resentirlas. El castellano marca de manera muy intensa la negación, cosa que a veces en la cortesía se procura evitar y eso causa lagunas y malentendidos.
En el otro caso se habla de un informe y es tal la cantidad de especificaciones que se le dedican que la estructura gramatical se resiente. Además se presenta el sustantivo sin artículo, en ese código telegráfico tan antipático que apasiona a algunos redactores periodísticos. Y lo da todo como si fuera una advertencia de la Fiscal, cosa que solo puede decirse de que el proyecto de marras afectaría presuntamente a su autonomía. La defensa del Ministro fue inadvertida.

martes, 25 de agosto de 2009

Discordancia flagrante

En el castellano hay una regla que relaciona sintagmáticamente a las palabras presentes en un enunciado que se conoce tradicionalmente como concordancia. Se trata de una regla formal que manifiesta un vínculo semántico. Aquí falla la concordancia entre el sujeto pañales y el verbo falta(n). Claro que se explica por la presencia singular de Sergio y por la posición final (más propia del objeto directo que del sujeto) de pañales.
El artículo tiene otros errores: parece contradictorio decir primero: "Madre no es la que engendra" (y sólo figuradamente se puede aceptar que Sergio lo sepa), y referirse luego a ella como "su propia madre" y más adelante a sus progenitores como "sus verdaderos padres". La congruencia del discurso es un poco débil y estorba la consecución del sentido del texto. Igualmente en el segundo párrafo sorprende que diga primero "estando recuperado" y a continuación "manteniendo sus signos vitales" cuando el orden lógico y habitual de ambos hechos sería el contrario. Falta una coma después de "inspira" porque sin ella se entienden los gerundios de modo especificativo contra todo lo esperable: todo recién cariño inspira cariño en cualquier situación y más aún si no estuviera recuperado del todo. Al final trae una cita: "Es un tragón" que resulta algo abrupta pero muy adecuada al tono familiar que el periodista le ha dado al texto, aunque sea una expresión conversacional ajena al discurso periodístico. Lo que resulta inadecuado es que haya copiado el parte médico: "hipoglicemia, conjuntivitis, infección umbilical" y no haya "traducido" por lo menos el primero de esos tecnicismos tan propios del discurso científico a un término más general y propio del género periodístico: "desnutrición e infecciones en los ojos y en el ombligo".

Volvamos al asunto inicial. Más técnicamente diríamos que la concordancia es una expresión formal de naturaleza sintáctica puesto que funciona en la igualdad de formantes que se establece entre sustantivo y adjetivo (género y número) y entre el verbo y el sujeto (número y persona). Esas formas están altamente gramaticalizadas y su aplicación es casi automática, pero también por ello son susceptibles al error. En este caso se rompe la concordancia entre el sujeto (pañales) y el verbo (faltar).
“La relación de dependencia -dice Alarcos- entre el segmento que funciona como sujeto explícito y la terminación de persona (o sujeto gramatical) del verbo se hace patente mediante la concordancia, que consiste en igualar los morfemas de persona y número entre ambos sujetos”.[1]

Evidentemente es una regla fundamental porque sujeto y predicado son los constituyentes fundamentales del enunciado y debe quedar clara esa estructura oracional para facilitar al interlocutor una correcta comprensión del mensaje. Pero en realidad hay muchos casos en que se rompe la concordancia. Si son varios núcleos coordinados concuerdan en plural si se anteponen al verbo, y en singular si se posponen:
El deporte y la comida sana son necesarios.
Es necesario el deporte y la vida sana.
También cuando vienen coordinados por la conjunción ni vacila la concordancia:
Al valiente explorador ni el hambre ni la sed lo doblegaron.
Al valiente explorador no lo doblegó ni el hambre ni la sed.

Nos damos cuenta entonces de que la sintaxis no es una ley ciega sino un mecanismo imperfecto que ha sido creado colectivamente por los hablantes para satisfacer las necesidades del discurso, y una de ellas es la de remarcar con una relación con el verbo lo más estrecha posible el segmento conocido que se propone como tema de modo que se coloca al inicio del enunciado. Esta posición -denominada también tópico- es generalmente ocupada por el elemento agente y la gramática le dio finalmente la función de sujeto. Hay una razón de fondo: el agente queda caracterizado por lo que hace ("por sus hechos los conoceréis") de manera que suele coincidir que lo que se quiere decir tiene como agente al elemento conocido que se toma como protagonista de esa caracterización eventiva. Otras veces hay un sujeto agente, es decir, el tema o tópico no realiza la acción y entonces se construye un verbo en voz pasiva para mantener la concordancia, pero esto no es más que un recurso de topicalización para marcar un elemento en la posición temática, dejando al agente en una posición de mayor fuerza expresiva, como complemento preposicional final: Sergio fue abandonado a su suerte por su propia madre.
En este caso el objeto indirecto A Sergio está topicalizado (colocado en la posición inicial) mediante un recurso habitual en castellano que es la reiteración mediante el pronombre enclítico le. Otros recursos habituales (más complejo) para topicalizar un elemento consisten en la construcción relativa ecuacional o ecuandicional: A Sergio es a quien le faltan pañales. Si algo le falta a Sergio son pañales.
La topicalización es una manera de gramaticalización, de modo que un valor de discurso (la posición temática) es remarcada formalmente mediante una expresión morfológica y/o sintáctica, en español, la concordancia y la ausencia de preposición. Hay pues una relación entre gramática y discurso: el hecho de discurso motiva la creación de la gramática y no al contrario. No es que el sujeto ocupe la posición inicial, sino que la evolución gramatical ha convertido en sujeto los elementos habitualmente y rutinariamente situados en posición inicial. Y el proceso puede ser reiniciado en cualquier momento.[2]
En efecto, en castellano el sujeto se remarca por la ausencia de preposición y la concordancia con el núcleo de predicado. Sin embargo, en ocasiones como ésta hay una tendencia a equivocar la concordancia y no solo por error. El error está provocado justamente por la oscura fuerza de esa relación más profunda que existe entre gramática y discurso, de manera que el elemento topicalizado tiende a adquirir (aunque no sea agente), la marca formal de sujeto. Incluso a pesar de las marcas de topicalización (preposición y pronombre enclítico) que establecen la heterogeneidad funcional de la construcción, que coloca el sujeto al final (tal vez porque tampoco es el agente) . El error seguramente está apoyado en la marca de persona tan imponente que tiene todo nombre propio, que es un elemento muy frecuentemente seleccionado como sujeto en el discurso.
Así que este error flagrante del hoy puede que también sea el inicio de un cambio gramatical del mañana.

NOTAS
[1] Emilio Alarcos, Gramática de la lengua española, Madrid, RAE y Espasa-Calpe, 1994, pág. 266.
[2] En un enfoque funcionalista del lenguaje, los gramáticos suponen una función pragmática (entendido el discurso como acción que persigue una estrategia en un contexto y con una intención determinadas) como punto de partida de la gramaticalización. Es la fórmula 'from pragmatics to grammar' que popularizó en los años 70 Talmy Givón, en su comprensión de la gramaticalización avanzada de los pronombres personales clíticos (considerados a veces como marcas de persona cuasi-obligatorias) ha tomado su punto de partida en una construcción segmentada que servía para subrayar la función topical del sujeto: "While pragmatics gives rise to syntax, syntax in turn gives rise to grammatical morphology [...]" (Talmy Givón, On understanding grammar. New York: Academic Press. 1979: 239, citado por Daniel Jacob, "De la funcion primaria a la autonomia de la sintaxis: hacia un enfoque sociologico del cambio gramatical.", en Lexis 27.1-2 (2003): 359-400.

miércoles, 8 de julio de 2009

Expresividad y cambio lingüístico


El deseo de enfatizar una idea puede jugar una mala pasada, como ocurre a la jefa del PRONAA que declara en esta nota que todo se esfuerzo se vuelca a "combatir la lucha frontal contra la desnutrición infantil". Debemos aplaudir el esfuerzo pero no la redundancia que termina siendo confusa porque si no fuera por el contexto uno no sabría contra qué se lucha. Debió decir simplemente: combatir la desnutrición infantil, o si quiería ser enfática, pudo decir: combatir frontalmente la desnutrición infantil.
Claro que el verbo combatir está cambiando de significado por lo que se usa ahora con frecuencia como transitivo con un suplemento o un objeto directo realmente innecesario pero enfático. Así que se dice: combatir en la lucha, y más directamente: combatir la lucha. Y en tal caso combatir deja de ser sinónimo de acometer, atacar, enfrentar, pelear o luchar y viene a significar más bien 'esforzarse denodadamente en algo', y ese algo debe ser precisado mediante un suplemento u objeto preposicional, o bien con un objeto directo, en principio redundantes.
Los estudios del cambio lingüístico, ya lo indicaba Amado Alonso, advierten que los hablantes transforman los idiomas principalmente por dar énfasis y dotar de una mayor expresividad a sus discursos. La repetición es una manera de lograrlo, pero produce también la generalización de significado. Su lógica interna no siempre atina con la congruencia. Y en esas estamos.

sábado, 27 de junio de 2009

Solicitud denegada

En este titular encontramos un error gramatical muy simple: no se pueden coordinar dos elementos heterogéneos, un sustantivo (presupuesto) y un infinitivo (interceder). Por supuesto que los derivados verbales adquieren funciones nominales: querer es poder, vivir es caminar breve jornada, decía Quevedo. Pero hay un trecho entre la función nominal de un infinitivo que la adquiere por transposición de funciones a la sustantivación completa de un infinitivo (para lo cual se dota de todas las propiedades nominales: artículo, moción de plural...): el querer, el deber... Así si es posible unirlos , por cuanto hay homogeneidad estructural (en la sincronía funcional, aunque tengan origen diferente en la diacronía), y cabe decir: otorgar haberes y beneficios sociales.

martes, 16 de junio de 2009

Solecismo

La noticia es muy triste, pero no nos fijaremos en el contenido de la lamentable nota, sino en la expresión gramatical que la contiene y manifiesta.
El madrileño Ciro Bayo, "último cronista de las Indias", feroz crítico de las peculiaridades del español americano, luego de haber recorrido una buena porción de la América española escribió, en 1906, que "el pretendido lenguaje criollo fuera de algunos modismos y términos dialectales que, por designar cosas del Nuevo Mundo son desconocidos en la Península, no pasa de ser un bodrio de solecismos, barbarismos y demás fealdades gramaticales". Se excedía este bravo intelectual que refleja, como nadie, los peores prejuicios puristas de los españoles respecto a la forma de hablar de los hispanoamericanos. Esos prejuicios se acentuaron si cabe en esos años tras la independencia de Cuba, que supuso para los españoles un desastre por la pérdida de la isla (que para todos era una provincia más) y la vergüenza de una derrota sin paliativos por parte de la armada norteamericana, que se aprestó a recibir en sus brazos a la levantisca antilla.
En realidad esos prejuicios se asientan en hechos de la realidad: el castellano se sigue transformando y es en América donde los cambios parecen mostrar mayor vitalidad y menos pudor frente a la normativa académica, tanto así que afloran en los titulares periodísticos.
Y si se hiciera hoy un nuevo Appendix Probi que resaltara los errores que anuncian las transformaciones del mañana (porque las lenguas muchas veces cambian simplemente por error), en primer lugar habría que señalar la neutralización de los relativos. El latín dejó de serlo cuando se empezaron a confundir las terminaciones del nombre (la declinación) y finalmente vino a simplificarse en dos formas (singular y plural) con la ausencia o presencia de -s/-es final (cosas que Cicerón o Tito Livio hubieran encontrado inauditas y aberrantes). Y lo que le espera al castellano es la pérdida de la expresión del caso en el relativo. Al fin y al cabo es casi el punto final del mismo proceso, que quedó sin completar del todo.
Así pues, en la escuela nos enseñan que los pronombres relativos son que, quien, cual y cuyo. Y aprendemos que el relativo debe acompañarse de preposición: en que, con que, para que... siempre que lo requiera la función sintáctica del segmento en la proposición subordinada (relativa o transpuesta). Pero en todo el castellano este sistema se está transformando y simplificando y más aún en América, como se ve en el titular, en que en lugar de utilizar la marca funcional del aditmento: la bebita a la que le cayó una pared, se emplea solamente el relativo: la bebita que le cayó.
También por eso se olvida el uso de cuyo y en su lugar se emplea que con la marca del posesivo sólo en el sustantivo: el niño que su padre es periodista.
Las razones pueden ser muchas, pero básicamente es una: los dialectos "transplantados" de una lengua (como es el caso del español en América) suelen simplificar la lengua de la metrópoli y aliviarle de elementos funcionales no del todo económicos. En este caso, la función de dativo (complemento indirecto o simplemente complemento, en términos de Alarcos), ya está marcada en el le que antecede al verbo subordinado, por lo que el segmento a la que en el fondo es redundante (el español se caracteriza por ser una lengua bastante redundante gramaticalmente hablando).
La neutralización parece que también explicaría una reacción ultracorrecta en el uso de el cual en numerosos contextos en los que resulta innecesaria e incluso pedante: "convivir con una legislación laboral que genera informalidad es un problema, el cual se acrecienta con propuestas desfasadas".
El español americano no es peor o mejor que el español peninsular, pero como ocurría en Soles (Cilicia), donde los descendientes de los griegos invasores perdían "la pureza de su lengua patria", no hay duda de que en América la lengua se muestra más desenfadadamente innovadora que en la vieja España, donde estos mismos procesos o errores más graves aún están en marcha. Tal vez por esa presunción de creerse dueños del idioma (todavía latente), creen que los americanos hablan peor y deben corregir cosas como la pluralización de haber impersonal, aunque no se apliquen ellos tampoco (en el caso del leísmo, por ejemplo, en que América se muestra más correcta) la receta respectiva. Otro día hablaremos más de ello.
La corrección es un esfuerzo colectivo constante pero a la larga inútil. Nos muestra una forma mejor de hablar y escribir en el día, pero no puede evitar que finalmente algunos de los errores que cometemos (los más persistentes y "funcionales") se conviertan pasados los siglos en la norma correcta que defenderán las generaciones venideras.

lunes, 1 de junio de 2009

Warranteo


El pasado 24 de abril leíamos en las páginas del diario Correo de Piura, que los productores de arroz junto con los funcionarios regionales acordaron promover y gestionar el “warranteo” de arroz con intereses de 9 por ciento al año. La sala de redacción ponía así el anglicismo entre comillas sin duda por ser un término recién introducido en nuestro medio. Efectivamente, fue en el año 2005 cuando, por iniciativa del presidente Toledo, se promovió garantizar la producción de arroz mediante la modalidad del warranteo, por la que se ofrece la producción almacenada como garantía para lograr la financiación de la campaña agrícola, asumiendo un interés del 1% por almacenamiento, que se compensa porque así se logra también mantener en el mercado un precio razonable para el arroz.

Me dicen que en realidad esto se había planteado el año 2003 pero recién se implementó con Toledo el 2005. En realidad ya en los años setenta se hacía el warranteo del algodón, sólo que hoy por hoy la práctica totalidad de la producción norteña es adquirida por un solo grupo industrial a un precio fijo que siempre está por debajo de lo que desarían los agricultores. También me cuentan que el Banco Agrario, especialmente en la colonización de San Lorenzo, otorgaba certificados llamados entonces warrants para diversos productos.
Los warrants son, según indica el Diccionario de términos económicos del Banco Central de Reserva (1995), “títulos emitidos simultáneamente con el certificado de depósito, que representa garantía o prenda de las mercancías depositadas en un almacén, confiriéndole derechos sobre éstos a quien los adquiera”.
Evidentemente se trata de un instrumento financiero proveniente del mundo anglosajón y el término todavía no se registra en el Diccionario académico. Pero en el mundo rural ya se emplea con normalidad tanto el sustantivo “warranteo” como el verbo derivado: “serán los agricultores quienes fijarán la cantidad de arroz a warantear”.
La dificultad estriba en esa letra tan extraña al castellano (el diccionario la mantiene sólo para registrar algunos extranjerismos: “waterpolo”, “western”...). Es curioso que en realidad tanto el inglés “warrant” como el castellano “garantía” provienen del francés antiguo, pero igual se separó la ortografía y el significado originales del término (que podía traducirse por “otorgamiento”), y finalmente no pueden equivaler “garantizar” y “warrantear” aunque tengan la misma procedencia. Ya es muy tarde para recuperar el antiguo verbo medieval “garantir”, con lo que “warranteo” y “warrantear” parece que han llegado para quedarse al menos por un buen tiempo. De todos modos tal vez pudiéramos castellanizarlos en las formas “garanteo” y “garantear” que me parecen francamente preferibles a esos anglicismos tan flagrantes. No es una batalla fácil la del idioma, puesto que en un caso muy similar llevamos décadas en que todavía compiten el anglicismo “márketing” (la Academia fracasó con su propuesta de “mercadotecnia”) con su castellanización más adecuada: “mercadeo” (que apenas ha podido desarrollar el verbo “mercadear”). En esta marejada de las palabras serán los hablantes los que decidan, según el uso mayoritario, cuál resulta vencedora en el combate, pero no estaría mal intentar gestionar mejor el “garanteo” y “garantear” la cantidad de arroz que nos parezca, haciéndolo al menos en una manera más castellana.
De otra forma, igual se podría proponer la grafía: "guaranteo" y "guarantear" más acorde con el uso castellano.



El artículo se publicó en diario Correo de Piura, el domingo 31 de mayo de 2009, pág. 19.

lunes, 11 de mayo de 2009

Publicidad sin tacto

Este pequeño aviso local de un médico oftalmólogo nos muestra un error que no pertenece a la gramática ni siquiera se da en el plano de lo idiomático, sino que afecta al nivel individual, en términos de las dimensiones del lenguaje que distinguió Eugenio Coseriu. Así pues, el lenguaje se despliega siempre en tres niveles: la congruencia universal, la corrección idiomática y la adecuación expresiva, y aquí lo que falla es el saber expresivo, puesto que dice algo realmente inadecuado.

Dice que "avanza silenciosamente logrando la pérdida de tu visión". Lo primero podría considerarse una incongruencia, porque las enferemedades no avanzan, sino se extienden o desarrollan, y tampoco es que hablen o guarden silencio, sino que lo hacen con o sin síntomas aparentes. Pero se trata de una personificación muy comprensible (y expresiva).

Pero no es aceptable decir que el glaucoma (los nombres de las enfermedades son sustantivos comunes que no se escriben en mayúscula) logre la pérdida de tu visión no solamente porque parece contradictorio "lograr una pérdida", sino porque en sí este proceso no sería un logro más que para la enfermedad misma, pero de ninguna manera para el posible enfermo, que es quien lee el anuncio. Es una falta de tacto, como suele decirse, puesto que los hablantes reconocen que en estas faltas no falla el idioma, sino el saber expresivo con el que el hablante genera su discurso más allá de que se respeten las reglas y normas del idioma.

Y es que las palabras reflejan enfoques. A veces recogen el punto de vista en su significado mismo, y así, dar y tomar significan lo mismo desde dos posiciones opuestas, lo mismo que ocurre en ir y venir. Desde el punto de vista de quien recibe al visitante se dice que "viene" pero cuando se le despide se dice que "va", mientras que en cualquier caso se puede decir que la persona "viaja" de un lugar a otro, porque "viajar" no se enfoca desde ninguna deixis (es un término alocéntrico).

Pero cualquier palabra puede indicar un punto de vista particular en el sentido de que adopta un punto de vista, muestra una opinión, expresa un juicio parcial. La tentación estriba en decir todo siempre con el particular modo de ver de cada uno y no colocarse en el lugar de los demás.

Entonces el médico oftalmólogo falla sin querer en la medida en que no sitúa la cuestión en el punto de vista de quien va a leer el anuncio, sino en función al interés del médico (con ello logra pacientes) o de la enfermedad (muestra sus efectos). Así muchas veces el error no está en el grado de formalidad de las palabras, sino en el punto de vista a que responden. Es una cuestión que demuestra la pertinencia del saber expresivo, y su carácter individual. En fin, debió decir "ocasionando la pérdida", "causando la pérdida", "originando la pérdida", o "provocando la pérdida". Tenía muchas opciones más adecuadas pero optó por algo que le parecía "expresivo" pero que en realidad resultó "explosivo". Una falta de tacto. Y eso en publicidad suele ser desastroso.
En cambio acierta al aplicarle a la enfermedad las características de una fiera o de una serpiente, al decir que "avanza silenciosamente". En realidad es absurdo, porque las enfermedades no "hablan" ni "guardan silencio", y más que "avanzar" habría que decir que "se contagian" y "se desarrollan" o "extienden"..., pero aquí se trata de un recurso retórico muy usado en la publicidad que es la hipálage: aplica a una realidad una caracterización que no le correponde, pero que metafóricamente (figuradamente) puede achacársele de manera, ahora sí, muy expresiva: resulta adecuada para este tipo de textos. Así comprobamos el principio de Coseriu por el que los niveles establecen una jerarquía en que el nivel individual tiene la última palabra: el acierto en el nivel expresivo anula la posible falta de congruencia, pero no al contrario.

miércoles, 29 de abril de 2009

Ulises frente a gerundios e incongruencias

Mototaxista significa, en español peruano, el conductor de una moto que hace transporte público. Gerundio, en nuestra tradición occidental, es un término latino (derivado del verbo gero 'llevar a cabo') y se refiere a una forma gramatical derivada de la raíz verbal que permite expresar el contenido de una acción, proceso o estado como situación o circunstancia en que se produce otra acción (mientras se lleva a cabo lo que expresa el verbo principal). Eso obliga generalmente a que el evento aludido sea simultáneo o algo anterior para no caer en una inconsistencia de orden no ya gramatical sino racional: no cabe entender como circunstancia algo que todavía no ha ocurrido.
Pues esto es lo que pasa en este texto, en que se presentan aparentemente simultáneos acontecimientos que no lo son, porque por la lógica de la narración misma, primero es llevado al hospital y luego de que le diagnosticaron una herida es cuando queda internado para su recuperación. Sin embargo, el redactor de la noticia lo dice como si nada: se lo diagnosticaron quedando internado.
Otra inconsecuencia ya por incongruencia es que primero habla de que resultó con heridas y luego solo menciona una herida cortante en la frente, que no es poco, pero no deja de ser singular. También dice primero que los asaltantes eran tres sujetos a bordo de una motocicleta (se ve que eran flacos), pero luego habla de dos asaltantes que aparecieron de repente. Tampoco queda claro si se apoderan del tanque o sólo de la gasolina del tanque (problemas que genera eso de usar siempre metonimias).
También es incongruente cuando dice que el asalto ocurrió cuando se desplazaba por la urbanización El Bosque cuando al inicio dijo que estaba miccionando en la vía pública, con lo que no se sabe si es que hacía las dos cosas a la vez (espero que no) o es que los ladrones le asaltaron justamente aprovechando (para usar un gerundio) una ocasión propicia en que Ulises había detenido su periplo por los mares de arena de la ciudad para hacer algo fuera de su mototaxi que también merece un castigo, aunque claro que no tan severo.

miércoles, 15 de abril de 2009

Jerga en letras de imprenta

Normalmente la jerga no aparece en la prensa escrita o si es caso, como hablaba con un amigo corresponsal, se deja para la página de los deportes o para los diarios "chicha" que son una suerte de periodismo "bamba", pero algunos términos empiezan a abrirse camino en el habla común peruana, "pagando su derecho de piso", también gracias a la publicidad. Comerciales como éste sacan de su escondite la jerga de los estudiantes (público objetivo muy importante, porque será en pocos años el que pague las facturas), claro que no precisamente echan mano de las jergas más "maleadas". En este caso tenemos a la empresa española Telefónica utilizando una jerga de los estudiantes peruanos, porque "chancón" es el que "chanca" (del quechua chámqay, 'machacar', 'moler') los codos encima de los libros. Ambos términos están ya en el diccionario de la Academia. El primero se define de todos modos con una jerga española en lugar de con un concepto descriptivo: 'empollón' (¿pero resultan equivalentes?). La jerga española, en este caso, presenta una metáfora más propia de la vida campestre.

Otro es el caso de esta frase tan significativa: "sacar la vuelta". En España se dice "hecha la ley, hecha la trampa". Pues bien, "sacar la vuelta" a algo hace alusión a un aspecto fundamental de la idiosincrasia latinoamericana: una absoluta flexibilidad con respecto a la ley, una forma de respeto de ida y vuelta hacia todo lo jurídico que da por hecho que todo puede ser cambiado y lo prevé incluso antes de dictar sentencia. También a las instituciones sociales, como el matrimonio. Antes de que se apruebe incluso la ley, ya se puede hablar de que si le saca la vuelta así o de esa otra manera, aunque sean todo infamias.
Esto produce desconfianza siempre y hace que las leyes se revisen constantemente hasta tal punto que los reglamentos se convierten en laberintos intrincadísimos. Y a la larga todo ello resiente la vida social y anquilosa el sistema judicial, hace que el ciudadano sienta repugnancia por el derecho (aunque adora a los abogados) y favorece el camino paralelo de la informalidad, imperante en nuestras sociedades. Frente a la sociedad japonesa que es estrictamente formal y a la sociedad norteamericana que tiende por regirse siempre por criterios técnicos de utilidad y eficiencia, nuestra cultura es profundamente informal, y por eso somos tan creativos e ingeniosos, aunque también por eso muchas veces somos radicalmente ineficientes y respetamos los cauces formales sólo hasta que nos es más fácil otro camino (o guardamos las apariencias). Véase la forma como manejamos los latinos (incluyo italianos, españoles y portugueses y más los del sur que del norte) frente a los europeos septentrionales o los norteamericanos, y la facilidad con la que vamos en contra de la dirección del tránsito sólo por ahorrarse unos metros. Pero luego vienen los accidentes y las desgracias y no se resuelve nada con reclamar, porque a la muerte no se puede sacarle la vuelta.
En esta otra nota tenemos la simpática metáfora: "mecidas", en referencia a la artimaña cotidiana con la que muchos esquivan un compromiso, obligación o trabajo pendiente. Lo hacen los jefes en ocasiones, cuando tienen mucho trabajo, pero es más común en empleados, funcionarios y en general los subalternos que no quieren darse el trabajo de molestar al jefe, tampoco asumen la responsabilidad ellos mismos y finalmente prefieren aguantar el "chaparrón" de las quejas y protestas incluso diarias salvo que los interesados, que reclaman en esta ocasión por el servicio de agua (en Piura es un calvario), reciban atención de un ente superior (lo que exime de cumplir engorrosos trámites burocráticos) o que su dinero o su influencia merezcan la atención necesaria que debería cumplirse gratis por obligación. Dado que hay que "sacar la vuelta" a todo, acabamos sufriendo "las mecidas" de los responsables que no atinan a resolver con eficiencia los asuntos cuando el sistema, exageradamente reglamentarizado los llena de problemas difíciles de resolver. El término no aparece todavía en el diccionario académico, aunque sí aparece con una acepción que se le da en Honduras: 'golpiza'.
En un periódico local una señora manifestaba su protesta de sentirse hastiada, por decir lo menos (expresión cortés de atenuación muy propia del habla familiar peruana) "de tanto pleito, serruchadas de piso, compadrazgos, sacadas de vuelta, mentiras" (Diario El Tiempo de Piura, 22/01/08, p. 11.)
Otro día hablaremos de las serruchadas de piso y de otras jergas de la "criollada" cotidiana.
Parte de este artículo se publicó con el título "Sacarle la vuelta" en el diario Correo de Piura, el miércoles 22 de abril de 2009, p. 2.

lunes, 2 de marzo de 2009

Exilio en Madrid


Muy gracioso el comentario de esta película que trata sobre el exilio en tiempos de la Guerra Civil española pero está ambientada en Madrid, con lo que la frase queda como un monumento a la inconsistencia. No es un error gramatical pero sí es una incongruencia que afecta al hablar en el nivel elocutivo, si nos atenemos a los tres niveles del lenguaje que distinguió Eugenio Coseriu.

Además la foto de la playa no parece Madrid.

En la educación está la clave

En diciembre del 2008 se hizo un inmenso bolondrón en Sevilla porque habían puesto en todos los contenedores de basura de la ciudad unas indicaciones con una faltota de ortografía: diréctamente con tilde y alevosía. Ya se sabe y no hace falta insistir que los adverbios en -mente suponen una conocida excepción por la que no llevan tilde a no ser que la lleve la palabra que sirve de base al derivado. Pero lo mejor es el comentario que se puede encontrar en una página de internet española , que si no se estarían viendo ya los efectos de la ESO (Educación Secundaria Obligatoria) en la sociedad española. Y es verdad que los españoles hemos contado con una buena formación humanística desde que en 1970 se aprobó la Ley General de Educación que impuso la Educación General Básica (EGB) y estableció los lineamientos del bachillerato y del acceso a la universidad hasta que los gobiernos socialistas decidieron que España no podía seguir con una ley franquista aunque fuera buena y tenían que poner otra ley aunque fuera peor. Y ahora los españoles están obligados a estudiar más años pero parece que aprenden menos, por lo que dicen algunos profesores universitarios y por lo que se ve en la calle: mejor tecnología pero menos sabiduría. La receta del progreso: Café para todos, café para tontos.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Paronomasias

Esta palabra que parece espantosa hace referencia a un fenómeno que de cuando en cuando sucede en las lenguas por lo mismo que con un concurso de miles de palabras (un diccionario promedio recoge 80,000 voces, y algunos llegan a 120,000), es fácil equivocarse. Así pues, leemos en Wikipedia que “del mercenario Martín de Murúa, los datos biográficos son escasos”, aunque se sabe que nació en Guipúzcoa (España), llegó antes de 1585 al Perú y no era “mercenario” sino “mercedario”, es decir, fraile de la congregación de la Merced, que es algo muy distinto.
Un estudiante escribía en una redacción que “se creía que con la educación se podía incorporar a la nación a las poblaciones renegadas del país”, pero no quería decir en realidad que tales personas “renegaran” de nada, sino muy al contrario que se encontraban “relegadas”, es decir, “postergadas”.
Una paronomasia es una semejanza entre dos vocablos, muy frecuentemente por el cambio de la vocal tónica (puso~piso~peso~poso) que puede dar lugar a errores como los mencionados. También es un instrumento habitual de losjuegos de palabras, como los que repetíamos de niños: Tres tristes tigres comen trigo en un trigal, o como los que llevaban a Guillermo Cabrera Infante a denunciar la dictadura de su país en términos de “Patraña y muerte”. Se convierte en calambur cuando la semejanza fónica se logra uniendo dos palabras, como otra agudeza del escritor cubano: “El país donde expresión es prisión”.
La paronomasia puede darse con significados semejantes, con lo que el error queda disimulado y corre más riesgo de asentarse y generalizarse: “se sentó en la silla continua” (en lugar de “contigua”), pero son catastróficos cuando significan cosas opuestas, como el texto de un machote en que se corrige a tiempo que Camacho no trata de “anular” la jerga forense, sino muy al contrario trata de “emularla” en sus radionovelas. Corrijo un borrador en que alguien cuenta que siendo estudiante “empezó a meditar en un partido que estaba a la izquierda del partido comunista italiano”, pero en realidad no se dedica a “meditar” sino a “militar” en dicha agrupación (sin duda muy militante).
En una ocasión alguien escribió que “es especialmente importante en el periodismo eludir la convivencia con los poderes políticos”, pero quiso decir “connivencia”, es decir, “complicidad”. Lo que resulta ya incomprensible es que un periodista llegase a decir que Víctor Lay (que fue el Contralor de la República en los años de Fujimori) actuaba “en concubinato con el expresidente”: a todas luces se trataba de otro tipo de complicidad muy distinta, como es “cambiar las leyes en perjuicio del Estado”. A propósito que fácilmente se confunden prejuicios y perjuicios a trote y moche, cuando piden “una indemnización por daños y prejuicios” o advierten algo “sin prejuicio de otras sanciones que pudieren corresponder”, cuando se trata de “daños y perjuicios” o de advertencias “sin perjuicio de” otras cosas. Igual la novela de Jane Austin se titula “Orgullo y prejuicio” y no “perjuicio”, aunque la frasecita se utiliza de ambos modos, lo que me llena de perplejidad. Tomando notas de la conferencia de un profesor alguien escribió, refiriéndose a un profesor de medicina de Boloña "que fue el promotor de las técnicas de circulación artificial en Italia", pero no quiso decir "técnicas de fecundación artificial". De paso que aunque nos empeñamos en considerar a los animales como personas y a las personas como animales, es en el mismo lenguaje donde se reparan las diferencias, puesto que hablamos de "técnicas de inseminación artificial" cuando se trata de vacas y no de personas, aunque se trata prácticamente de la misma cosa.
Por último, en otro medio de prensa escrita se referían a la necesidad de una mayor promoción nacional e internacional por parte del Estado y de los artesanos para "posesionar" la cerámica de Chulucanas, cuando lo que quería decir no era otra cosa que "posicionar" esta maravilla norteña en los mercados (¡sin saturarlos!). No es lo mismo "tomar posesión" que "lograr una posición". En fin, son errores de paronomasia que cualquier puede cometer, pero que todos debemos evitar.




NOTA: Este artículo se publicó en el diario Correo de Piura el domingo 5 de abril de 2009, pág. 20.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Un pase maestro

No hay mucho que decir, salvo que los pases son masculinos mientras que las paces son femeninas. Aparte de que se ha roto ese pacto de no agresión a la gramática y a la ortografía, conviene reparar en que los errores muchas veces se cuelan en el último momento a veces, como aquí, al momento de buscar un título gracioso a la noticia. La gracia costó cara.
El texto tiene otras delicias que paso a detallar. Aunque el primer párrafo es impecable, en el segundo sobra una conjunción que separa sujeto y predicado: "las organizaciones del distrito y se comprometen", puesto que son ellos los que lo hacen. Y luego hay una joya de incoherencia cuando declara que se evitarán "las agresiones físicas verbales", así que en este artículo el lenguaje ha pasado a ser parte integral de la física, y podemos dar de verdad bofetadas con sustantivos y adverbios (yo siempre he cuidado especialmente los calificativos, que a veces se le escapan a uno).
Por otra parte, el pie de la foto contradice lo que dice la nota. Mientras que uno dice que "se suspende la marcha", el dato es que se prepara "marcha y paro de protesta" para dos días próximos, con lo cual uno sospecha que las paces (y no pases) van a durar lo que yo te diga.

domingo, 8 de febrero de 2009

Dudas no razonables

Profesiones tradicionalmente masculinas no tenían forma femenina en el sustantivo, a no ser que se empleara popularmente para referirse a la esposa del aludido, y así se decía la regenta, la notaria... En la actualidad las mujeres ejercen prácticamente todas las profesiones y ello ha motivado la moción de femenino en palabras como juez, presidente, ministro... que se han hecho perfectamente variables: jueza, presidenta, ministra. En otros casos no se ha cumplido la moción por razones poco claras (¿eufonía?), y así no decimos fiscala, estudianta o médica. En realidad no es necesario porque funcionan como sustantivos comunes respecto al género: los fiscales y las fiscales, etc. Pero siempre quedan dudas, como muestra este breve recorte en el que se habla de "una médica que a la vez es jefa médico". Sin duda el periodista consiguió rizar el rizo con esta maravillosa ejemplificación del vacilante espacio en el que se mueven los nombres de profesiones en este cambiante mundo en que vivimos.