miércoles, 25 de febrero de 2009

Paronomasias

Esta palabra que parece espantosa hace referencia a un fenómeno que de cuando en cuando sucede en las lenguas por lo mismo que con un concurso de miles de palabras (un diccionario promedio recoge 80,000 voces, y algunos llegan a 120,000), es fácil equivocarse. Así pues, leemos en Wikipedia que “del mercenario Martín de Murúa, los datos biográficos son escasos”, aunque se sabe que nació en Guipúzcoa (España), llegó antes de 1585 al Perú y no era “mercenario” sino “mercedario”, es decir, fraile de la congregación de la Merced, que es algo muy distinto.
Un estudiante escribía en una redacción que “se creía que con la educación se podía incorporar a la nación a las poblaciones renegadas del país”, pero no quería decir en realidad que tales personas “renegaran” de nada, sino muy al contrario que se encontraban “relegadas”, es decir, “postergadas”.
Una paronomasia es una semejanza entre dos vocablos, muy frecuentemente por el cambio de la vocal tónica (puso~piso~peso~poso) que puede dar lugar a errores como los mencionados. También es un instrumento habitual de losjuegos de palabras, como los que repetíamos de niños: Tres tristes tigres comen trigo en un trigal, o como los que llevaban a Guillermo Cabrera Infante a denunciar la dictadura de su país en términos de “Patraña y muerte”. Se convierte en calambur cuando la semejanza fónica se logra uniendo dos palabras, como otra agudeza del escritor cubano: “El país donde expresión es prisión”.
La paronomasia puede darse con significados semejantes, con lo que el error queda disimulado y corre más riesgo de asentarse y generalizarse: “se sentó en la silla continua” (en lugar de “contigua”), pero son catastróficos cuando significan cosas opuestas, como el texto de un machote en que se corrige a tiempo que Camacho no trata de “anular” la jerga forense, sino muy al contrario trata de “emularla” en sus radionovelas. Corrijo un borrador en que alguien cuenta que siendo estudiante “empezó a meditar en un partido que estaba a la izquierda del partido comunista italiano”, pero en realidad no se dedica a “meditar” sino a “militar” en dicha agrupación (sin duda muy militante).
En una ocasión alguien escribió que “es especialmente importante en el periodismo eludir la convivencia con los poderes políticos”, pero quiso decir “connivencia”, es decir, “complicidad”. Lo que resulta ya incomprensible es que un periodista llegase a decir que Víctor Lay (que fue el Contralor de la República en los años de Fujimori) actuaba “en concubinato con el expresidente”: a todas luces se trataba de otro tipo de complicidad muy distinta, como es “cambiar las leyes en perjuicio del Estado”. A propósito que fácilmente se confunden prejuicios y perjuicios a trote y moche, cuando piden “una indemnización por daños y prejuicios” o advierten algo “sin prejuicio de otras sanciones que pudieren corresponder”, cuando se trata de “daños y perjuicios” o de advertencias “sin perjuicio de” otras cosas. Igual la novela de Jane Austin se titula “Orgullo y prejuicio” y no “perjuicio”, aunque la frasecita se utiliza de ambos modos, lo que me llena de perplejidad. Tomando notas de la conferencia de un profesor alguien escribió, refiriéndose a un profesor de medicina de Boloña "que fue el promotor de las técnicas de circulación artificial en Italia", pero no quiso decir "técnicas de fecundación artificial". De paso que aunque nos empeñamos en considerar a los animales como personas y a las personas como animales, es en el mismo lenguaje donde se reparan las diferencias, puesto que hablamos de "técnicas de inseminación artificial" cuando se trata de vacas y no de personas, aunque se trata prácticamente de la misma cosa.
Por último, en otro medio de prensa escrita se referían a la necesidad de una mayor promoción nacional e internacional por parte del Estado y de los artesanos para "posesionar" la cerámica de Chulucanas, cuando lo que quería decir no era otra cosa que "posicionar" esta maravilla norteña en los mercados (¡sin saturarlos!). No es lo mismo "tomar posesión" que "lograr una posición". En fin, son errores de paronomasia que cualquier puede cometer, pero que todos debemos evitar.




NOTA: Este artículo se publicó en el diario Correo de Piura el domingo 5 de abril de 2009, pág. 20.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Un pase maestro

No hay mucho que decir, salvo que los pases son masculinos mientras que las paces son femeninas. Aparte de que se ha roto ese pacto de no agresión a la gramática y a la ortografía, conviene reparar en que los errores muchas veces se cuelan en el último momento a veces, como aquí, al momento de buscar un título gracioso a la noticia. La gracia costó cara.
El texto tiene otras delicias que paso a detallar. Aunque el primer párrafo es impecable, en el segundo sobra una conjunción que separa sujeto y predicado: "las organizaciones del distrito y se comprometen", puesto que son ellos los que lo hacen. Y luego hay una joya de incoherencia cuando declara que se evitarán "las agresiones físicas verbales", así que en este artículo el lenguaje ha pasado a ser parte integral de la física, y podemos dar de verdad bofetadas con sustantivos y adverbios (yo siempre he cuidado especialmente los calificativos, que a veces se le escapan a uno).
Por otra parte, el pie de la foto contradice lo que dice la nota. Mientras que uno dice que "se suspende la marcha", el dato es que se prepara "marcha y paro de protesta" para dos días próximos, con lo cual uno sospecha que las paces (y no pases) van a durar lo que yo te diga.

domingo, 8 de febrero de 2009

Dudas no razonables

Profesiones tradicionalmente masculinas no tenían forma femenina en el sustantivo, a no ser que se empleara popularmente para referirse a la esposa del aludido, y así se decía la regenta, la notaria... En la actualidad las mujeres ejercen prácticamente todas las profesiones y ello ha motivado la moción de femenino en palabras como juez, presidente, ministro... que se han hecho perfectamente variables: jueza, presidenta, ministra. En otros casos no se ha cumplido la moción por razones poco claras (¿eufonía?), y así no decimos fiscala, estudianta o médica. En realidad no es necesario porque funcionan como sustantivos comunes respecto al género: los fiscales y las fiscales, etc. Pero siempre quedan dudas, como muestra este breve recorte en el que se habla de "una médica que a la vez es jefa médico". Sin duda el periodista consiguió rizar el rizo con esta maravillosa ejemplificación del vacilante espacio en el que se mueven los nombres de profesiones en este cambiante mundo en que vivimos.