martes, 25 de agosto de 2009

Discordancia flagrante

En el castellano hay una regla que relaciona sintagmáticamente a las palabras presentes en un enunciado que se conoce tradicionalmente como concordancia. Se trata de una regla formal que manifiesta un vínculo semántico. Aquí falla la concordancia entre el sujeto pañales y el verbo falta(n). Claro que se explica por la presencia singular de Sergio y por la posición final (más propia del objeto directo que del sujeto) de pañales.
El artículo tiene otros errores: parece contradictorio decir primero: "Madre no es la que engendra" (y sólo figuradamente se puede aceptar que Sergio lo sepa), y referirse luego a ella como "su propia madre" y más adelante a sus progenitores como "sus verdaderos padres". La congruencia del discurso es un poco débil y estorba la consecución del sentido del texto. Igualmente en el segundo párrafo sorprende que diga primero "estando recuperado" y a continuación "manteniendo sus signos vitales" cuando el orden lógico y habitual de ambos hechos sería el contrario. Falta una coma después de "inspira" porque sin ella se entienden los gerundios de modo especificativo contra todo lo esperable: todo recién cariño inspira cariño en cualquier situación y más aún si no estuviera recuperado del todo. Al final trae una cita: "Es un tragón" que resulta algo abrupta pero muy adecuada al tono familiar que el periodista le ha dado al texto, aunque sea una expresión conversacional ajena al discurso periodístico. Lo que resulta inadecuado es que haya copiado el parte médico: "hipoglicemia, conjuntivitis, infección umbilical" y no haya "traducido" por lo menos el primero de esos tecnicismos tan propios del discurso científico a un término más general y propio del género periodístico: "desnutrición e infecciones en los ojos y en el ombligo".

Volvamos al asunto inicial. Más técnicamente diríamos que la concordancia es una expresión formal de naturaleza sintáctica puesto que funciona en la igualdad de formantes que se establece entre sustantivo y adjetivo (género y número) y entre el verbo y el sujeto (número y persona). Esas formas están altamente gramaticalizadas y su aplicación es casi automática, pero también por ello son susceptibles al error. En este caso se rompe la concordancia entre el sujeto (pañales) y el verbo (faltar).
“La relación de dependencia -dice Alarcos- entre el segmento que funciona como sujeto explícito y la terminación de persona (o sujeto gramatical) del verbo se hace patente mediante la concordancia, que consiste en igualar los morfemas de persona y número entre ambos sujetos”.[1]

Evidentemente es una regla fundamental porque sujeto y predicado son los constituyentes fundamentales del enunciado y debe quedar clara esa estructura oracional para facilitar al interlocutor una correcta comprensión del mensaje. Pero en realidad hay muchos casos en que se rompe la concordancia. Si son varios núcleos coordinados concuerdan en plural si se anteponen al verbo, y en singular si se posponen:
El deporte y la comida sana son necesarios.
Es necesario el deporte y la vida sana.
También cuando vienen coordinados por la conjunción ni vacila la concordancia:
Al valiente explorador ni el hambre ni la sed lo doblegaron.
Al valiente explorador no lo doblegó ni el hambre ni la sed.

Nos damos cuenta entonces de que la sintaxis no es una ley ciega sino un mecanismo imperfecto que ha sido creado colectivamente por los hablantes para satisfacer las necesidades del discurso, y una de ellas es la de remarcar con una relación con el verbo lo más estrecha posible el segmento conocido que se propone como tema de modo que se coloca al inicio del enunciado. Esta posición -denominada también tópico- es generalmente ocupada por el elemento agente y la gramática le dio finalmente la función de sujeto. Hay una razón de fondo: el agente queda caracterizado por lo que hace ("por sus hechos los conoceréis") de manera que suele coincidir que lo que se quiere decir tiene como agente al elemento conocido que se toma como protagonista de esa caracterización eventiva. Otras veces hay un sujeto agente, es decir, el tema o tópico no realiza la acción y entonces se construye un verbo en voz pasiva para mantener la concordancia, pero esto no es más que un recurso de topicalización para marcar un elemento en la posición temática, dejando al agente en una posición de mayor fuerza expresiva, como complemento preposicional final: Sergio fue abandonado a su suerte por su propia madre.
En este caso el objeto indirecto A Sergio está topicalizado (colocado en la posición inicial) mediante un recurso habitual en castellano que es la reiteración mediante el pronombre enclítico le. Otros recursos habituales (más complejo) para topicalizar un elemento consisten en la construcción relativa ecuacional o ecuandicional: A Sergio es a quien le faltan pañales. Si algo le falta a Sergio son pañales.
La topicalización es una manera de gramaticalización, de modo que un valor de discurso (la posición temática) es remarcada formalmente mediante una expresión morfológica y/o sintáctica, en español, la concordancia y la ausencia de preposición. Hay pues una relación entre gramática y discurso: el hecho de discurso motiva la creación de la gramática y no al contrario. No es que el sujeto ocupe la posición inicial, sino que la evolución gramatical ha convertido en sujeto los elementos habitualmente y rutinariamente situados en posición inicial. Y el proceso puede ser reiniciado en cualquier momento.[2]
En efecto, en castellano el sujeto se remarca por la ausencia de preposición y la concordancia con el núcleo de predicado. Sin embargo, en ocasiones como ésta hay una tendencia a equivocar la concordancia y no solo por error. El error está provocado justamente por la oscura fuerza de esa relación más profunda que existe entre gramática y discurso, de manera que el elemento topicalizado tiende a adquirir (aunque no sea agente), la marca formal de sujeto. Incluso a pesar de las marcas de topicalización (preposición y pronombre enclítico) que establecen la heterogeneidad funcional de la construcción, que coloca el sujeto al final (tal vez porque tampoco es el agente) . El error seguramente está apoyado en la marca de persona tan imponente que tiene todo nombre propio, que es un elemento muy frecuentemente seleccionado como sujeto en el discurso.
Así que este error flagrante del hoy puede que también sea el inicio de un cambio gramatical del mañana.

NOTAS
[1] Emilio Alarcos, Gramática de la lengua española, Madrid, RAE y Espasa-Calpe, 1994, pág. 266.
[2] En un enfoque funcionalista del lenguaje, los gramáticos suponen una función pragmática (entendido el discurso como acción que persigue una estrategia en un contexto y con una intención determinadas) como punto de partida de la gramaticalización. Es la fórmula 'from pragmatics to grammar' que popularizó en los años 70 Talmy Givón, en su comprensión de la gramaticalización avanzada de los pronombres personales clíticos (considerados a veces como marcas de persona cuasi-obligatorias) ha tomado su punto de partida en una construcción segmentada que servía para subrayar la función topical del sujeto: "While pragmatics gives rise to syntax, syntax in turn gives rise to grammatical morphology [...]" (Talmy Givón, On understanding grammar. New York: Academic Press. 1979: 239, citado por Daniel Jacob, "De la funcion primaria a la autonomia de la sintaxis: hacia un enfoque sociologico del cambio gramatical.", en Lexis 27.1-2 (2003): 359-400.