martes, 14 de diciembre de 2010

Prefijos

En castellano los prefijos se escriben unidos a la base sin espacio ni guión que los separe, a diferencia del inglés, que normalmente escribe los prefijos de dos sílabas dejando un espacio. Tal vez sea la influencia anglosajona la que favorece el error. Se debe escribir "vicepresidente", "viceministra", "vicecónsul", igual que "posparto", "precontrato", "subsuelo" etc.

Existe un caso particular en castellano que merece un comentario más extenso: La Academia reconocía en la 22a edición de su diccionario a "ex-" como prefijo en los casos en que significa 'fuera' o 'más allá': "extraer", y en otros casos en que no añade ningún significado, y es que ya era prefijo en latín y de ahí provienen mucnas palabras: "exageración", "exclamar", "excluir"... Pero consideraba un adjetivo independiente a "ex" cuando se le asocia el significado de 'algo o alguien que ha dejado de serlo', aceptando así que se escribiera separado: "ex ministro", "ex diputado", aunque en dos casos aceptaba que se hiciera en una sola palabra: "excombatiente", "excautivo".

Como señala con mucha razón Fernando Díaz Lozada en su columna de La Nación, es una inconsistencia manifiesta. Porque "ex" era en latín preposición y prefijo y en el primer caso se escribía separado del nombre, pero ni en latín ni en castellano "ex" ha sido jamás adjetivo y no hay que inventar una razón peregrina para escribirlo separado. En castellano "ex-" es siempre un prefijo, salvo en el caso de que se sustantive, como ocurre en el habla coloquial: "No conozco a tu ex."

Esta inconsistencia, en la reciente Ortografía de la lengua española (2010), ha tratado de resolverse de manera todavía incoherente. Las Academias recomiendan que se escriba en una sola palabra cuando se trata de un nombre: "exministro", "expresidente", "excongresista", pero admite que se siga escribiendo como si fuera una preposición (aunque no lo sea), cuando antecede a un segmento complejo: "ex alto cargo", "ex primer ministro"... La ortografía no es natural, sino una convención llena de inconsistencias y esta será una más. Lo importante es que no se confunda al menos la naturaleza gramatical de los elementos.

Siempre es posible crear combinaciones y derivados inusitados y entonces la inseguridad puede hacer que nos sintamos más cómodos poniéndoles un guión como disculpa, y así el personaje de Pedro Camacho en La tía Julia y el escribidor de Mario Vargas Llosa se refiere al Perú como "el ex-Imperio de los Incas". Pero en cualquier caso, los prefijos no necesitan espacio libre ni guión para constituir un derivado léxico y la ortografía castellana tampoco los aconseja, más bien los deplora.

En general antes se consentía este uso de "ex" con guión: "ex-Congresista", "ex-Campeón", porque también permitía mantener la mayúscula (que no era necesaria). Hoy por hoy resulta ridícula.


Entonces debemos acostumbrarnos a escribir: "exsecretario", "exmilitar", igual que "vicepresidente". Este último titular que recojo en un periódico se lleva el premio ya que en una sola frase junta "ex regidores" y "pre candidatos", y más abajo menciona a una "ex consejera" y repite tres o cuatro veces eso de "pre candidatos"; es claro que debió escribir: "exregidora", "precandidatos" y "exconsejera".

En este último caso y en otro que le sigue resulta tonto escribir "quien también es ex consejera", lo mismo que: "quien es ex regidora". Perfectamente pudo decir: "quien también fue consejera" y "quien fue regidora". Para algo tenemos las conjugaciones verbales en castellano.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Falsa alarma

En el idioma como en tantas cosas de la vida nos dejamos llevar por la mayoría tanto así que formas poco frecuentes pueden resultar algo sorprendentes aunque sean perfectamente gramaticales, por lo que la conciencia metalingüística no es un mecanismo ciego sino que está muy influenciado por el entorno. De ehcho, nos dejamos llevar por la mayoría incluso cuando se trata de un error, sobre todo si es que esa mayoría incluye a las "personas de respeto" y, hoy en día, a los locutores y periodistas, a los toreros, a los actores y en general a la gente de la farándula, aunque todavía los profesores, como en general los escritores y las personas cultivadas siguen teniendo, seguramente mucho menos que antes, cierta ascendencia en el dinamismo de la fuerza de imitación que caracteriza al lenguaje como a cualquier otro fenómeno esencialmente humano.
Lo digo por este caso de vacilación gramatical. Es posible en castellano decir "policías alertas" como se ve en estos titulares de El Comercio o en este otro mucho más reciente de La Industria de Trujillo. Parece que lo que debería decir es "policías en alerta", pero no se trata de un error gramatical.
En realidad lo mismo vale decir "policías alertas" como "policías en alerta", como vemos en el titular de El Trome o en el de Terra que se ven a continuación, sino que la primera combinación es mucho menos frecuente que la segunda.

El término "alerta" parece ser un italianismo del ámbito militar "poner alerta", y luego dio origen a un verbo derivado: "alertar", y adoptó también la categoría de adjetivo, empleo en que aparece muy escasamente. Se trata además de un adjetivo episódico (similar a despierto, preparado, tranquilo), y presenta un contenido aspectual resultativo (es un estado que resulta de la acción de haber sido alertado), por lo que solo admite el verbo estar, mientras que nunca se predica del verbo ser. Así se puede decir: "los policías están alertas", pero no: "los policías son alertas". El verbo estar está tácito en el titular: "10 mil policías [estarán] alertas". Igual lo encontramos en estas noticias de Nicaragua, Ecuador y de Uruguay:



La perplejidad puede provenir también del hecho de que no se puede emplear en predicados permanentes: "*Nombrarán [a] diez policías alertas" (porque no siempre estarán así), sino en predicados transitorios: "Encontrarán [a] diez policías alertas" (se entiende que los encontrarán en un momento en el que estarán así).
Manuel Seco, con la exactitud que lo encumbró en la filología española, señala que como adjetivo tuvo variación de género y cita un ejemplo tomado de Antonio Machado: "los centinelas alertos". Reconoce que hoy es poco común esta moción de masculino y que el adjetivo se utiliza ya solo con variación de número. Uno de los testimonios que ofrece es del propio Mario Vargas Llosa: "todos sus sentidos alertas".[1]
El italianismo parece que entró primero como sustantivo y es que así suele aplicarse como modificador para caracterizar a cualquier persona , animal o institución mediante la preposición "en", que indica precisamente 'situación', y como es la fórmula más antigua, extendida y común, pues por ello parece que fuera también más correcta que la otra, aunque ambas posibilidades lo son, en función al sistema gramatical, de igual manera.




[1] Manuel Seco, Diccionario de dudas de la lengua española, Madrid, Espasa-Calpe, 9a ed., 1986, p. 29.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

No se lo digan a nadie


El castellano tiene muchas cosas peculiares, como la distinción entre ser y estar, o la letra "ñ". Una de esas excentricidades del idioma es la doble negación, o mejor dicho, la "alternancia negativa", por la que el indefinido negativo posee polaridad negativa si se antepone al verbo: "Nadie se lo dijo", pero deja de tenerla si se pospone, con lo que obliga la presencia del adverbio "no": "No se lo dijo nadie". No es posible invertir los términos: "*Nadie no se lo dijo", "*Se lo dijo nadie".

En latín y en otros idiomas la doble negación resulta en una afirmación, pero el castellano mostró aquí cierta singularidad. Es posible posponer el indefinido: "No espera recibir premio alguno", o cabría emplear el pronombre positivo si es que se estuviera refiriendo a una realidad en concreto: "No esperaba algo tan interesante" (pero hubo algo interesante).

El titular de esta noticia alude a lo dicho por Jaime Bayly en una columna titulada "Renuncio" que se publicó en el El Nuevo Herald de Miami, el domingo 14 de este mes de noviembre, y que se reproduce ampliada en el diario Perú 21 de Lima al día siguiente, a página completa.
En realidad no dice en ningún momento lo que señala el titular, y más bien lo que dijo Bayly es lo siguiente: "La única manera de evitar caer en esa trampa de la vanidad es no postular a nada, a ningún cargo, a ningún premio, a ningún honor que falsee la verdad: que soy un mediocre."

Dejando a un lado el tema de la vanidad y la mediocridad aludidas por Bayly, lo que quiero decir es que el escritor respeta con gran esmero la gramática castellana y no dice que "no espera recibir algún premio". Esa frase parece proceder de la nota de prensa que se divulgó a través de las agencias de noticias porque la recoge también El Comercio en su página digital, aunque lo corrige en el titular, de la misma manera que las noticias del portal de yahoo!. El desliz de la gente de Correo está en haber titulado con el error que se presenta en el primer párrafo del cuerpo de la noticia: "Jaime Bayly escribió en su última columna titulada "Renuncio" que no espera ser reconocido con algún premio". Debio decir: "ningún premio".
La inseguridad en el empleo de los indefinidos en espacios donde la norma culta y la enseñanza de la gramática están poco menos que disueltos permite encontrar ejemplos similares:

Parecería que quería decir "algún partido de esas características" o "algún partido de determinada ideología", o algo así, pero en realidad no se refiere a ningún partido, y así es como debería haberse dicho. Pero se olvidó de emplear la doble negación, y se quedó en suspenso esa regla del idioma castellano. ¿Será que se está tratando de hacer más lógica su gramática?

viernes, 19 de noviembre de 2010

Cambio de régimen

Igual que para pasar de la democracia a la dictadura (y al revés) hay que dar un golpe (o más de uno), también para que un verbo tan transitivo como "reiterar" adopte un régimen preposicional hay que atizar con fuerza al esternón de la gramática. Y así nos golpea el titular, porque es que el periodista o bien se equivocó de palabra y no debió decir "reitera por una solución amistosa", sino "aboga por una solución amistosa", "se inclina por una solución amistosa", "insiste en una solución amistosa", o bien agarró la tijera. Sí pues, tal vez se comió el núcleo del objeto directo: "reitera su llamado por [lograr] una solución amistosa". Y es que podemos reiterar una preocupación, un compromiso, un interés, una disposición... que parece faltar en el titular (aquí siempre abrevian todo lo que pueden y más). Porque además reiterar una solución parece contradictorio: una solución -si es que es verdadera- se logra una vez nada más y no requiere reiteraciones.
Lo segundo es lo que parece más factible, sobre todo porque en el cuerpo de la noticia se traduce (o se parafrasea) la declaración de la Universidad de Yale (eso de ahorrar letras y poner "U" de Yale es monstruoso), y en ella encontramos que los académicos del primer mundo "reiteran su disposición a la búsqueda de una solución amistosa". Ya sabemos lo que reiteran los norteamericanos, lo que no se sabe es de dónde salió la preposición que se infiltró en el titular de marras.

martes, 5 de octubre de 2010

Especialistas del robo

El castellano no utiliza el procedimiento de composición léxica en el grado en que lo hacen otros idiomas como el inglés mismo, pero ciertamente tenemos un buen número de creaciones léxicas en que se componen dos palabras preexistentes para formar una nueva voz, cuya morfología suele presentar algunos problemas. La dificultad se halla primero en la fijación de los componentes para unirse en una sola palabra, asociada a un significado constante, y luego para formar el singular o el plural, el femenino o el masculino, según sea el caso (lo que se dice en el metalenguaje de la Gramática "dar moción" de número o de género). A veces en el intermedio se pone un guión para indicar que no está todavía plenamente consolidada la composición. Cuando está recién creada parece improcedente escribirla en una sola palabra e incluso se deja un espacio.


Es una cuestión apasionante pensar en las razones por que las lenguas se renuevan y crean neologismos: el desgaste, la necesidad, la expresividad... Primero se crea una secuencia fija y la ortografía mantiene el espacio entre los dos componentes, que finalmente se escriben en una sola palabra sobre todo cuando los hablantes sienten que la primera pierde su acento. La expresividad unida a la extrañeza de las novedades suelen indicarse gráficamente mediante las comillas, que al paso del tiempo se suprimen, como señalando que el término ya es aceptado.


Tenemos bastantes compuestos formados por un verbo y un sustantivo, del tipo: rompecorazones, abrebotellas, lustrabotas, comecocos, pintalabios, rompeolas... Parece que es el esquema más productivo en castellano. El sustantivo que constituye el segundo elemento aparece en plural sin artículo si se trata de nombres contables, que es lo más corriente o en singular, si es incontable, como en tragaluz o en guardapolvo (y así conservan la forma como pueden presentarse en la función de objeto directo que tenían en la secuencia original).


En estos recortes podemos comprobar que el procedimiento se ha hecho productivo en el Perú (tal vez en otros lugares también) para crear denominaciones específicas de esa profesión tan antigua de los ladrones, que por cierto se conocen por muchísimos términos sinonimos: bandido, bandolero, forajido, carterista, pistolero, delincuente, ratero, abigeo, granuja... En Perú se aplica el término arañitas a los que aplican esa modalidad. También hay ladrones de guante blanco, y lugares convertidos en cuevas de ladrones. La palabra significaba ya lo mismo en latín, aunque parece ser que inicialmente nombraba a los mercenarios romanos contratados como "guardias", que finalmente "hurtaban" tanto de lo que "guardaban" que la realidad se impuso al significado de la palabra, como suele pasar.
En el Perú tenemos robacables, robamotos, robacarros, robapostes, robacasas, incluso robatapas y robalosetas... Finalmente todos son términos hipónimos de ladrón. Ya no se distinguen por ejercer su mayor entretenimiento en el campo o en la ciudad, o con mayor o menor violencia o disimulo, sino por el objeto de sus pesquisas. Palabras tan expresivas no podrían quedar lejos de los titulares periodísticos (y no los saco precisamente de esos periódicos llamados chicha, ni falta que hace). Todavía se escriben con comillas las más de las veces y eso indica que no son palabras comunes ni mucho menos aceptadas por la mayoría de los hablantes, sino que se sienten más bien licencias ocasionales o más propias de los avezados titulares periodísticos. Cuando se sienten novedades del habla todavía no usuales se escriben por separado, pero al ser un verbo el primer componente la composición reclama que se escriba sin espacio lo antes posible.



El procedimiento descriptivo ya lo había empleado la poesía desde que Luis de Góngora y Argote hacía referencia al dios Júpiter como "el mentido robador de Europa" -disfrazado de toro ("media luna las armas de su frente")-, en la Soledad primera. Igual tenemos lustrabotas y lustrador. En el habla más común y corriente el mismo esfuerzo por especificar las significaciones mediante la composición se da en lavaplatos, lavavajillas, lavamanos, lavamoquetas, lavapiés... Tal vez convivan con el término común como ocurre con sacamuelas, que es variante popular de dentista (lo que en código restringido se conoce como odontólogo).



En los compuestos a veces hay excepciones, y teníamos desde antiguo el ganapán y el portaestandarte (que adoptaron la flexión de número) y ahora tenemos también en singular el guardabosque, que siempre se llamó guardabosques por más que siempre se veía solitario entre los árboles. Lo mismo ocurre a este redactor que inaugura el nombre robacable (dándole moción de singular) al que ya se ha pelado más de uno, haciendo que nuestra conciencia gramatical se tambalee un poco. A la larga todo puede pasar y quizás este robacable gane la batalla a robacables y a los demás miembros de su caterva, que por ahora llevan considerable ventaja.

El último caso que quiero compartir con todos es "robamototaxis", que el redactor escribe en dos palabras a pesar de ser, también, un nuevo compuesto, tal vez efímero: no sé hasta cuándo tendremos mototaxis rondando por nuestras calles; por ahora son infaltables.

Lo que no puedo entender es que a sus compañeros de faena los agrupe el periodista en un bando, cuando siempre se ha hablado para eso de bandas, como en la música. Solo para los movimientos políticos hablamos del bando nacional y del bando republicano, aunque algunos quisieran decir otra cosa. En Perú se ha extendido la expresión bancada para no incurrir en confusión.


En la noticia del robacasas hay un empleo que merecerá nuestra atención en otra nota, a ver si robo un poco de tiempo a mis tareas diarias y lo hago antes que termine este mes, y es que el verbo alzar ha venido a significar, también en el Perú, lo mismo que "robar".

martes, 28 de septiembre de 2010

Matar o morir

No es lo mismo matar que morir y este caso suele ser ejemplo de la diferencia que establecen los verbos transitivos (donde el significado del verbo pasa a un argumento que llamamos objeto directo o complemento directo) y los verbos intransitivos en los que no se da esta traslación semántica formalizada en la distinta construcción sintáctica.
El periodista debió decir: "hasta matar a su esposa" pero se confunde tal vez por que la nominalización del verbo anula la diferencia gramatical ("hasta la muerte de su esposa"). También sirve como frase hiperbólica para exagerar un esfuerzo extremo: "trabajamos hasta morir", "caminamos hasta morir", y se aplica a la expresión amorosa, como en la letra de la canción de "Nietos del Futuro":

Porque te quiero te quiero así
te quiero hasta morir
lucharé por tu amor
no voy a dejarte ir.

En Chota la muerte se cobró una vida inocente y no cabe más que pedir a Dios que la reciba en sus brazos y tenga piedad del desgraciado de su esposo.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Sobra más que falta

Parece que los celulares eran tantos que al periodista le hacía falta poner un plural en donde no debía. Ya comentamos un caso similar antes, y es que el verbo "faltar" y otros verbos como "gustar", "convenir", etc. que ponen el sujeto muy a menudo detrás del verbo, en la posición típica del complemento directo, se ven afectados de una gran inseguridad a la hora de establecer la concordancia.

No sale la cuenta

El verbo no guarda la concordancia plural que pide el segmento formado por "dinero, una computadora, además de otros objetos", antecente de la proposición relativa, aunque sea también complemento directo del verbo "robaron", en la proposición principal.
En el segundo párrafo hay una locución con un uso preposicional del español americano: "en horas de la mañana", "en horas de la madrugada".

viernes, 27 de agosto de 2010

Verbos pronominales que dejan de serlo


En América es más frecuente el uso de formas pronominales en algunos verbos, como por ejemplo regresarse a algún sitio, o soñarse con alguien, etc. Hay variaciones geográficas y a veces también de registro en otros casos: sonreír~sonreírse (Manual, 41.7.2c).
En este caso tenemos un uso transitivo del verbo accidentar cuyo uso más frecuente y general es el pronominal: me accidenté en esa carretera, el tren se accidentó aquí... El Diccionario recoge un uso transitivo con la acepción de 'producir accidente' que es el que se emplea Gustavo Adolfo Bécquer (1863) en esta narración poética:

Soñé que me encontraba en un campo inmenso; ante mis ojos se abría un horizonte dilatadísimo; ni una ligera nube empañaba el cielo, ni una línea pintoresca accidentaba el paisaje; todo era igual y monótono, todo verde a mis pies, todo azul sobre mi cabeza: una faja gris cortaba el fondo en el punto donde el suelo y el cielo parecían tocarse y confundirse.[1]

En este uso transitivo se emplea coloquialmente en el Perú con el significado de 'ocasionar un accidente' que provoca un daño físico. De todos modos no es un uso muy habitual. Solo lo he encontrado en un pasaje de Vargas Llosa:

Se veían todos los domingos, iban al cuartito de Ludovico, a veces se encontraban con él y les invitaba un lonche o unas cervecitas. ¿Tuvo un accidente?, le preguntó Amalia el primer día que lo vio vendado. Me accidentaron los arequipeños, se rió él, ahora no es nada, estuve peor. Parece feliz, le comentó Amalia a Ambrosio, y él: porque gracias a esa paliza lo habían metido al escalafón, Amalia, ahora ganaba más en la policía y era importante.[2]

En realidad es un uso figurado porque este otro accidente no fue fortuito ni casual sino propinado con muy mala intención por ello la risa con la que se lo toma el personaje.


NOTAS:
[1] Gustavo Adolfo Bécquer, Entre sueños [Narraciones] Ricardo Navas Ruiz, Turner (Madrid), 1995, p. 263.
[2] Mario Vargas Llosa, Conversación en La Catedral, Barcelona, Seix Barral, 1996, p. 456.

El plural de los compuestos


La doctrina gramatical reconoce que en general en el caso de los compuestos de "dos sustantivos que se escriben separados pero que constituyen una unidad léxica en la que el segundo elemento aporta información determinativa, solo se marca el plural en el primero": años luz, globos sonda, niños prodigio, etc.[1] Pero hay numerosos casos en los que el segundo se emplea con valor adjetivo y entonces el uso vacila: se puede decir: "libros pirata o libros piratas, empresas líder igual que empresas líderes. En el caso de fianza es más usual que no adquiera ese valor adjetivo pero en cualquier caso no se trata de un error gramatical y más bien manifiesta la tendencia a darle la forma correspondiente a la función adjetiva que adquiere el sustantivo mediante la concordancia.



[1] Manual de la Nueva gramática de la lengua española. Madrid, Espasa, 2010, (3.2.1.a), p. 37-38.

martes, 10 de agosto de 2010

Dudas en la prensa

En varias entradas anteriores nos hemos referido a la pluralización de haber, y aquí se refleja la vacilación de las nrmas de estilo de la prensa peruana: unos optan por la forma mayoritaria (habían) mientras que otros se sujetan a la norma peninsular (había). Lo mismo ocurre en las formas del futuro:
Algunos medios invierten más dinero que otros en la revisión de estilo, pero sólo El Comercio tiene un manual de estilo (en el que rechaza, por cierto, la pluralización). Pesa también mucho la opinión de Martha Hildebrandt, que reconoce la extensión del error, pero no lo acepta en la norma escrita. La cuestión no está resuelta del todo, pero lo cierto es que debe definirse la norma nacional a partir del uso considerado correcto por los propios peruanos (si no todos, al menos por la mayoría).
He podido revisar el Manual de la Nueva Gramática de la Lengua Española y me ha dado gusto ver que se muestra más considerada con la extensión de este cambio gramatical en varios países hispanoamericanos, con un tono mucho más conciliador que el que tenía el Diccionario panhispánico de dudas.

jueves, 24 de junio de 2010

Otra discordancia

Debió decir: "Motocicletas donadas". Y si eso no es un error no sé qué más pueda serlo.
En el cuerpo de la noticia escribe primero "gobierno regional" en minúscula y luego "Gobierno Regional" en mayúscula, como debe ser por tratarse del nombre propio de una institución pública. Es un error de redacción que haya repetido de todos modos esa mención porque si así fue debió decir que "el Gobierno Regional ha dotado de combustible a las cuarenta motocicletas que donó para el resguardo de la ciudad".
Es más elegante escribir cifras así con letras que con números. No se trata de un examen de matemáticas sino de una noticia periodística y la cantidad es bastante redonda como para interrumpir el discurso lingüístico con una cifra aritmética.

jueves, 17 de junio de 2010

Hipérbaton furioso

Del titular en el ángulo oscuro se halla un desorden que no es nada comparado con los errores que vienen después. Hay una discordancia en el primer párrafo cuando dice que "deberán estar en funcionamiento" y se refiere a "el sistema de aprovechamiento de energía eólica". En el segundo párrafo utiliza un indefinido que no queda nada claro: "cuando sepan de la misma que debe brindar" y no sabemos si se trata de la inversión eólica mencionada antes o de la de etanol señalada después... Y eso de que "debe brindar" es una hipótesis que hasta ahora, pasados dos o tres años ha quedado en nada. Parece que iba a decir "la misma que viste y calza" pero aquí hubiera calzado mejor si dijera "la que podría brindar..."
Luego utiliza el relativo quienes cuando debió usar que, porque se trata de una proposición especificativa y finalmente comete una redundancia al hablar de un futuro nuevo, como si pudiera haber uno ya usado.
Ya se ve que cuando se empieza mal, se termina peor.

miércoles, 9 de junio de 2010

Nominalización en problemas

El idioma castellano posee una serie de sufijos con los que puede nominalizar los verbos, y a partir de voces como cantar, cuestionar o pertenecer puede formar los sustantivos canción, cuestionamiento o pertenencia. En algunas ocasiones la solución no resulta homogénea para todos los ámbitos, y así en España se dice planteamiento y significación cuando en América se dice planteo y significancia.
El periodista ha tratado de referirse a las declaraciones del congresista Negreiros nominalizando la información, pero acumula demasiados términos con el mismo sufijo en una cacofonía algo incómoda: modernización con participación de las fuerzas de la producción.
Y a continuación evita ese procedimiento y acude a un recurso que cumple en parte ese cometido, que no es otro que los infinitivos verbales: concertar para desarrollar. Podría haber dicho concertación para el desarrollo y con ello se hubiera evitado un embrollo gramatical atroz, porque la estructura gramatical apenas soporta que todo ese segmento se subordine al adjetivo: indispensables de concertar para desarrollar.
No es que no pueda en castellano modificar a un adjetivo (como adyacente) un infinitivo funcionalmente sustantivado mediante una preposición como ocurre en frases como facil de resolver, difícil de decidir, abierto a dialogar, cansado de trabajar, pero ciertamente esa posibilidad es algo limitada a adjetivos calificativos más usuales, y no parece posible que un mismo adjetivo sea modificado por dos infinitivos con funciones semánticas diferentes.
Hubiera sido más correcto decir: cuya concertación es indispensable para desarrollar los servicios portuarios. Pero he aquí propicio el relativo posesivo, cuyo manejo está tan descuidado en estos tiempos en que sólo los valientes quieren enseñar gramática.

lunes, 24 de mayo de 2010

Reiniciar lo ya iniciado

Hay quienes piensan que nuestra cultura se está volviendo analfabeta y no es del todo cierto, porque todos sabemos leer y escribir. Lo que es cierto es que estamos perdiendo la cultura escrita y estamos regresando a formas propias de la cultura oral. Nuestra comprensión de las cosas vuelve a ser básicamente narrativa y creamos símbolos y formas sintéticas de expresar la existencia frente a la actitud típicamente analítica y objetiva que imprime en la mentalidad social la cultura escrita. No leemos y ello origina ganancias y pérdidas. Gana la cultura audiovisual pero se pierden matices que sólo el análisis del que mira por escrito advierte.
Toda esta introducción para dar cuenta de un error que ha sido advertido por muchos, y es que cada vez más se confunden los verbos reanudar y reiniciar con la consiguiente imposición del segundo y la pérdida del primero.
Aquí se trata de reanudar y no de reiniciar una revisión que ya había comenzado aunque con mil tropiezos y dificultades en el poder judicial y en una comisión del Congreso, porque "de lo visto hasta ahora" se deduce que la actividad de la empresa de espionaje (¿en defensa contra la corrupción o como extorsión de la competencia?) databa de 1998.
Podemos decir que "da lo mismo", pero el que dice eso no es consciente de lo que se ha perdido como quien no sintiera la diferencia entre un buen pisco peruano y cualquier aguardiente extranjero por no haberlos probado.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Transitivos con cosas

El verbo intervenir es transitivo y significa 'examinar', 'controlar', 'dirigir', 'limitar una función', etc. Se dice del Gobierno de un país o de una autoridad. Normalmente se refiere a cosas (intervenir los teléfonos) así como a las instituciones bancarias que son objeto de la preocupación (no de los besos) del señor Chávez. Pero también se aplica a personas con el significado de "hacer una operación quirúrgica', y parece que se hubieran cruzado las acepciones porque sólo cuando se aplica a personas admite la preposición. Debió escribirse como se consigna a la derecha.




Hallar por haber

Omito comentarios.


miércoles, 28 de abril de 2010

Aceptado por todos

En una entrada anterior nos hemos referido a la extensión que tiene en Perú y en otros países americanos la pluralización del verbo haber, que en este caso se da en la forma del subjuntivo hayan (en lugar de haya). En este caso el periodista no solamente no corrige la expresión espontánea del abogado (le parece perfecta), sino que opta por resaltar esas palabras -que son las últimas de la entrevista- en el titular. No lo hace para hacer quedar mal al entrevistado, ya que nadie se va a dar cuenta del detalle y nadie -salvo en otros países- pensaría que está mal, sino porque realmente lo que dice le parece importante y constituye un deseo positivo hacia el futuro. La pluralización de haber es un error que se está convirtiendo en norma de una forma arrolladora. Los profesores y las Academias de la Lengua tendemos que reconocerlo.

viernes, 12 de marzo de 2010

¿Por qué?

Este encarte publicitario de un colegio particular escribe incorrectamente porqué cuando no se trata del sustantivo masculino que significa ‘causa o motivo’ que, según la Academia, "se usa precedido de determinante y su plural es porqués". Tampoco es la conjunción causal porque, que sirve "para introducir la oración subordinada que expresa la causa de la acción designada por el verbo de la principal", dice el Diccionario Panhispánico de Dudas, y añade este ejemplo de Martínez Mediero: «Me tenéis envidia porque fui la única que se casó» Se trata de una expresión relativa que tiene como antecedente razones, por lo que debió haberse escrito:

Muchas razones por las que estudiar y pepararte para la vida en el mejor lugar.
Otra cosa es que en el habla coloquial se neutralicen esas diferencias y la conjunción haga el papel del relativo y el énfasis haga parecer que se tratara de una forma tónica, cuando en sí la pronunciación cuidada la señala con una marcada atonicidad.
La publicidad quiere congraciarse con el habla coloquial propia de los jóvenes, pero haría mejor si les señala al mismo tiempo la forma más correcta de expresarse para alcanzar en verdad "el mejor lugar".

miércoles, 24 de febrero de 2010

¿Doble prefijo?

Un mecanismo habitual de intensificación en el habla popular es la repetición de un elemento. Se puede repetir una palabra: "rico, rico", o una sílaba dentro de la palabra: "riquisisísimo". Lo que encontramos en este caso es la repetición del prefijo re- que en castellano sirve generalmente para expresar reiteración: reconstruir (volver a construir). También puede expresar un movimiento hacia atrás (refluir), un énfasis (rematar) o una oposición (reprobar). En este caso se quiere expresar, lógicamente, repetición. El señor Trelles confía en que volverá a ser elegido nuevamente. Como ya fue reelegido una vez, el periodista quiere señalar eso con cierto énfasis y pone prefijo delante de prefijo y con un guión o un espacio de separación. Las dos cosas son agramaticales.
En la escritura señalamos los prefijos escribiéndolos sin espacio delante de la raíz y la repetición del prefijo es innecesaria: por más veces que se vuelva a elegir, no dejará de ser una reelección. Aunque claro que el habla popular, especialmente, suele cometer esos atropellos en favor de la expresividad del discurso, y más en particular los discursos satíricos (como estos titulares periodísticos) los imitan para conseguir el efecto burlesco deseado.

martes, 16 de febrero de 2010

Cuando el error se convierte en norma

El castellano ha desarrollado un uso impersonal del verbo "haber" (en latín significaba "tener") que sirve para "denotar la presencia o existencia de lo designado por el sustantivo que lo acompaña y que va normalmente pospuesto al verbo". El Diccionario panhispánico de dudas (DPD) de las Academias de la Lengua pone cuatro ejemplos: Hay alguien esperándote; Había un taxi en la puerta; Mañana no habrá función; Hubo un serio problema.
Abreviando diremos que etimológicamente el sujeto era indeterminado y adoptó finalmente un valor impersonal. El segmento pospuesto desempeña la función de complemento directo y se sustituye por los pronombres de acusativo lo(s), la(s): Hubo un problema > Lo hubo.
El DPD explica entonces que en los casos en que el complemento es plural "lo más apropiado es que el verbo permanezca en singular, y así sucede en el uso culto mayoritario, especialmente en la lengua escrita, tanto en España como en América", y apoya su afirmación en varios ejemplos literarios de distinta procedencia.
El DPD manifiesta la ocurrencia del plural y la explica por "la excepcionalidad que supone la existencia de un verbo impersonal transitivo, sumado al influjo de otros verbos que comparten con haber su significado «existencial», como estar, existir, ocurrir, todos ellos verbos personales con sujeto".
En opinión de las Academias, eso explica "que muchos hablantes interpreten erróneamente el sustantivo que aparece pospuesto al verbo haber como su sujeto y, consecuentemente, pongan el verbo en tercera persona del plural cuando dicho sustantivo es plural". Los dos ejemplos aducidos son peruanos: «Hubieron muchos factores que se opusieron a la realización del proyecto» (Expreso 22.4.90); «Entre ellos habían dos niñas embarazadas» (Caretas 1.8.96)
El dictamen de la Academia es rotundo: "Aunque es uso muy extendido en el habla informal de muchos países de América y se da también en España, especialmente entre hablantes catalanes, se debe seguir utilizando este verbo como impersonal en la lengua culta formal, de acuerdo con el uso mayoritario entre los escritores de prestigio." Sin embargo, es muy sintomático que los dos ejemplos que aduce el DPD de "incorrección" sean peruanos, porque aquí el error se ha convertido en norma y hay que reconocerlo, como lo ha hecho muy bien Miguel Rodríguez Mondoñedo en su blog. Quiero decir que en el Perú no es un error de muchos hablantes, sino que se ha generalizado como norma y son más bien los editores (no solo los peninsulares, aunque éstos lo hacen siempre) de las obras literarias peruanas (los que publicaron La tía Julia y el escribidor de Mario Vargas Llosa que cita el DPD como ejemplo: «Había unos muchachos correteando») los que corrigen dicho uso. En la edición peruana de La palabra del mudo de Julio Ramón Ribeyro dice: "habían ratones", mientras que la edición de los Cuentos Completos en Alfaguara corrige (o falsea): "había ratones". Lo mismo podríamos decir de otros casos.
En la primera edición de los relatos que Ciro Alegría reunió con el título Duelo de caballeros dice "habían precipicios", mientras que esos mismos cuentos fueron publicados más tarde en Buenos Aires y corrigieron: "había precipicios". Digo "corrigieron" porque a su modo de ver tenía que ser así, pero en realidad estaban ocultando la norma que estaba imponiéndose en el Perú.
El caso más extraño es el que he detectado en las ediciones de un relato que personalmente me parece de lo mejor que se ha escrito en el Perú, que es el cuento del mismo Ciro Alegría: "La ofrenda de piedra". Pues bien, la primera edición (con el título: "La piedra y la cruz"), salió en la revista Letras peruanas que dirigía el profesor Jorge Puccinelli, en 1951, y mencionaba en un momento: "las piedras transportables que había en las cercanías". Así también figura en la antología que reunió Congrains en 1955. Pero ese mismo relato fue reproducido en la antología Narradores de La Libertad en 1958 con la forma plural: "las piedras transportables que habían en las cercanías". Y en la edición de Buenos Aires de 1965 (reproducido en 1968 y 1978) la solución fue "las piedras transportables que hubo en las cercanías". En la página de "bibliotecasvirtuales.com" y en "educared.org" se utiliza la forma plural. No sé cuál habría sido la forma en que escribió el cuento Ciro Alegría, pero estoy seguro de que no le habría resultado extraña la que circula en la internet peruana.
Hay que ponerse a pensar qué tanto confunden todos estos editores el juicio de los académicos, puesto que el criterio normativo siempre se basa en el uso de la gente educada, como decía Bello, pero a veces resulta que ese uso, como en este caso, puede ser sistemáticamente ocultado por la puntillosidad de los correctores de estilo, y así el dictamen académico se queda anquilosado y fuera de la realidad.
En el Perú hasta los hablantes más cultos, los periodistas y los editores se muestran vacilantes o incluso ya totalmente aferrados a la pluralización de haber impersonal. Lo vemos en los recortes que acompañan este texto, tanto en los titulares de primera página como en las declaraciones de las vivanderas del mercado. Podríamos aducir muchos ejemplos más y veríamos que el error ya se está convirtiendo en norma.
Si no les gusta podremos decirles que a otros muchos no les gusta el uso de le por lo (le he visto), que ya está aceptado por la Academia y no es más que otro caso en que el error se vuelve norma. No puede ser que el error de unos sea más perdonable que el de otros por mucho que vivan más cerca de la calle Felipe IV. Los errores gramaticales producen alarma y realmente afectan a la estructura más fundamental del idioma, pero son también una fuente importante de cambio y renovación de las lenguas. Y en ello se manifiesta la pluralidad de normas del castellano.

sábado, 13 de febrero de 2010

Crecimiento agramatical


Crecer es un verbo intransitivo y la persona o cosa que protagoniza un crecimientos se recubre en castellano con la función de sujeto y, sencillamente, debe guardar esa concordancia que lo identifica.
En otras palabras, debió decir "Crecen áreas para oficinas", y así se entendería mucho mejor.
Por otra parte utiliza un anglicismo innecesario y bastante cursi, por no decir snob. Si quiere utilizarlo por lo menos debe ponerle concordancia (en inglés no es necesaria) y decir: "oficinas primes". Pero más correcto hubiera sido decir "oficinas de primera", " oficinas exclusivas", o "de categorías altas", "de lujo", "de rango superior"...
Es la manía de meter en el periódico las expresiones restringidas de las terminologías científicas o técnicas. Aquí en concreto la jerga de sociólogos y economistas que nos clasifican por letras y anglicismos llevados por esa tentación de objetividad aparente que produce el préstamo: "segmento prime", como si fuese menos restrictivo que hablar del "segmento superior", como si las distancias sociales se acortasen en inglés.