martes, 5 de octubre de 2010

Especialistas del robo

El castellano no utiliza el procedimiento de composición léxica en el grado en que lo hacen otros idiomas como el inglés mismo, pero ciertamente tenemos un buen número de creaciones léxicas en que se componen dos palabras preexistentes para formar una nueva voz, cuya morfología suele presentar algunos problemas. La dificultad se halla primero en la fijación de los componentes para unirse en una sola palabra, asociada a un significado constante, y luego para formar el singular o el plural, el femenino o el masculino, según sea el caso (lo que se dice en el metalenguaje de la Gramática "dar moción" de número o de género). A veces en el intermedio se pone un guión para indicar que no está todavía plenamente consolidada la composición. Cuando está recién creada parece improcedente escribirla en una sola palabra e incluso se deja un espacio.


Es una cuestión apasionante pensar en las razones por que las lenguas se renuevan y crean neologismos: el desgaste, la necesidad, la expresividad... Primero se crea una secuencia fija y la ortografía mantiene el espacio entre los dos componentes, que finalmente se escriben en una sola palabra sobre todo cuando los hablantes sienten que la primera pierde su acento. La expresividad unida a la extrañeza de las novedades suelen indicarse gráficamente mediante las comillas, que al paso del tiempo se suprimen, como señalando que el término ya es aceptado.


Tenemos bastantes compuestos formados por un verbo y un sustantivo, del tipo: rompecorazones, abrebotellas, lustrabotas, comecocos, pintalabios, rompeolas... Parece que es el esquema más productivo en castellano. El sustantivo que constituye el segundo elemento aparece en plural sin artículo si se trata de nombres contables, que es lo más corriente o en singular, si es incontable, como en tragaluz o en guardapolvo (y así conservan la forma como pueden presentarse en la función de objeto directo que tenían en la secuencia original).


En estos recortes podemos comprobar que el procedimiento se ha hecho productivo en el Perú (tal vez en otros lugares también) para crear denominaciones específicas de esa profesión tan antigua de los ladrones, que por cierto se conocen por muchísimos términos sinonimos: bandido, bandolero, forajido, carterista, pistolero, delincuente, ratero, abigeo, granuja... En Perú se aplica el término arañitas a los que aplican esa modalidad. También hay ladrones de guante blanco, y lugares convertidos en cuevas de ladrones. La palabra significaba ya lo mismo en latín, aunque parece ser que inicialmente nombraba a los mercenarios romanos contratados como "guardias", que finalmente "hurtaban" tanto de lo que "guardaban" que la realidad se impuso al significado de la palabra, como suele pasar.
En el Perú tenemos robacables, robamotos, robacarros, robapostes, robacasas, incluso robatapas y robalosetas... Finalmente todos son términos hipónimos de ladrón. Ya no se distinguen por ejercer su mayor entretenimiento en el campo o en la ciudad, o con mayor o menor violencia o disimulo, sino por el objeto de sus pesquisas. Palabras tan expresivas no podrían quedar lejos de los titulares periodísticos (y no los saco precisamente de esos periódicos llamados chicha, ni falta que hace). Todavía se escriben con comillas las más de las veces y eso indica que no son palabras comunes ni mucho menos aceptadas por la mayoría de los hablantes, sino que se sienten más bien licencias ocasionales o más propias de los avezados titulares periodísticos. Cuando se sienten novedades del habla todavía no usuales se escriben por separado, pero al ser un verbo el primer componente la composición reclama que se escriba sin espacio lo antes posible.



El procedimiento descriptivo ya lo había empleado la poesía desde que Luis de Góngora y Argote hacía referencia al dios Júpiter como "el mentido robador de Europa" -disfrazado de toro ("media luna las armas de su frente")-, en la Soledad primera. Igual tenemos lustrabotas y lustrador. En el habla más común y corriente el mismo esfuerzo por especificar las significaciones mediante la composición se da en lavaplatos, lavavajillas, lavamanos, lavamoquetas, lavapiés... Tal vez convivan con el término común como ocurre con sacamuelas, que es variante popular de dentista (lo que en código restringido se conoce como odontólogo).



En los compuestos a veces hay excepciones, y teníamos desde antiguo el ganapán y el portaestandarte (que adoptaron la flexión de número) y ahora tenemos también en singular el guardabosque, que siempre se llamó guardabosques por más que siempre se veía solitario entre los árboles. Lo mismo ocurre a este redactor que inaugura el nombre robacable (dándole moción de singular) al que ya se ha pelado más de uno, haciendo que nuestra conciencia gramatical se tambalee un poco. A la larga todo puede pasar y quizás este robacable gane la batalla a robacables y a los demás miembros de su caterva, que por ahora llevan considerable ventaja.

El último caso que quiero compartir con todos es "robamototaxis", que el redactor escribe en dos palabras a pesar de ser, también, un nuevo compuesto, tal vez efímero: no sé hasta cuándo tendremos mototaxis rondando por nuestras calles; por ahora son infaltables.

Lo que no puedo entender es que a sus compañeros de faena los agrupe el periodista en un bando, cuando siempre se ha hablado para eso de bandas, como en la música. Solo para los movimientos políticos hablamos del bando nacional y del bando republicano, aunque algunos quisieran decir otra cosa. En Perú se ha extendido la expresión bancada para no incurrir en confusión.


En la noticia del robacasas hay un empleo que merecerá nuestra atención en otra nota, a ver si robo un poco de tiempo a mis tareas diarias y lo hago antes que termine este mes, y es que el verbo alzar ha venido a significar, también en el Perú, lo mismo que "robar".