miércoles, 24 de noviembre de 2010

No se lo digan a nadie


El castellano tiene muchas cosas peculiares, como la distinción entre ser y estar, o la letra "ñ". Una de esas excentricidades del idioma es la doble negación, o mejor dicho, la "alternancia negativa", por la que el indefinido negativo posee polaridad negativa si se antepone al verbo: "Nadie se lo dijo", pero deja de tenerla si se pospone, con lo que obliga la presencia del adverbio "no": "No se lo dijo nadie". No es posible invertir los términos: "*Nadie no se lo dijo", "*Se lo dijo nadie".

En latín y en otros idiomas la doble negación resulta en una afirmación, pero el castellano mostró aquí cierta singularidad. Es posible posponer el indefinido: "No espera recibir premio alguno", o cabría emplear el pronombre positivo si es que se estuviera refiriendo a una realidad en concreto: "No esperaba algo tan interesante" (pero hubo algo interesante).

El titular de esta noticia alude a lo dicho por Jaime Bayly en una columna titulada "Renuncio" que se publicó en el El Nuevo Herald de Miami, el domingo 14 de este mes de noviembre, y que se reproduce ampliada en el diario Perú 21 de Lima al día siguiente, a página completa.
En realidad no dice en ningún momento lo que señala el titular, y más bien lo que dijo Bayly es lo siguiente: "La única manera de evitar caer en esa trampa de la vanidad es no postular a nada, a ningún cargo, a ningún premio, a ningún honor que falsee la verdad: que soy un mediocre."

Dejando a un lado el tema de la vanidad y la mediocridad aludidas por Bayly, lo que quiero decir es que el escritor respeta con gran esmero la gramática castellana y no dice que "no espera recibir algún premio". Esa frase parece proceder de la nota de prensa que se divulgó a través de las agencias de noticias porque la recoge también El Comercio en su página digital, aunque lo corrige en el titular, de la misma manera que las noticias del portal de yahoo!. El desliz de la gente de Correo está en haber titulado con el error que se presenta en el primer párrafo del cuerpo de la noticia: "Jaime Bayly escribió en su última columna titulada "Renuncio" que no espera ser reconocido con algún premio". Debio decir: "ningún premio".
La inseguridad en el empleo de los indefinidos en espacios donde la norma culta y la enseñanza de la gramática están poco menos que disueltos permite encontrar ejemplos similares:

Parecería que quería decir "algún partido de esas características" o "algún partido de determinada ideología", o algo así, pero en realidad no se refiere a ningún partido, y así es como debería haberse dicho. Pero se olvidó de emplear la doble negación, y se quedó en suspenso esa regla del idioma castellano. ¿Será que se está tratando de hacer más lógica su gramática?

viernes, 19 de noviembre de 2010

Cambio de régimen

Igual que para pasar de la democracia a la dictadura (y al revés) hay que dar un golpe (o más de uno), también para que un verbo tan transitivo como "reiterar" adopte un régimen preposicional hay que atizar con fuerza al esternón de la gramática. Y así nos golpea el titular, porque es que el periodista o bien se equivocó de palabra y no debió decir "reitera por una solución amistosa", sino "aboga por una solución amistosa", "se inclina por una solución amistosa", "insiste en una solución amistosa", o bien agarró la tijera. Sí pues, tal vez se comió el núcleo del objeto directo: "reitera su llamado por [lograr] una solución amistosa". Y es que podemos reiterar una preocupación, un compromiso, un interés, una disposición... que parece faltar en el titular (aquí siempre abrevian todo lo que pueden y más). Porque además reiterar una solución parece contradictorio: una solución -si es que es verdadera- se logra una vez nada más y no requiere reiteraciones.
Lo segundo es lo que parece más factible, sobre todo porque en el cuerpo de la noticia se traduce (o se parafrasea) la declaración de la Universidad de Yale (eso de ahorrar letras y poner "U" de Yale es monstruoso), y en ella encontramos que los académicos del primer mundo "reiteran su disposición a la búsqueda de una solución amistosa". Ya sabemos lo que reiteran los norteamericanos, lo que no se sabe es de dónde salió la preposición que se infiltró en el titular de marras.