martes, 14 de diciembre de 2010

Prefijos

En castellano los prefijos se escriben unidos a la base sin espacio ni guión que los separe, a diferencia del inglés, que normalmente escribe los prefijos de dos sílabas dejando un espacio. Tal vez sea la influencia anglosajona la que favorece el error. Se debe escribir "vicepresidente", "viceministra", "vicecónsul", igual que "posparto", "precontrato", "subsuelo" etc.

Existe un caso particular en castellano que merece un comentario más extenso: La Academia reconocía en la 22a edición de su diccionario a "ex-" como prefijo en los casos en que significa 'fuera' o 'más allá': "extraer", y en otros casos en que no añade ningún significado, y es que ya era prefijo en latín y de ahí provienen mucnas palabras: "exageración", "exclamar", "excluir"... Pero consideraba un adjetivo independiente a "ex" cuando se le asocia el significado de 'algo o alguien que ha dejado de serlo', aceptando así que se escribiera separado: "ex ministro", "ex diputado", aunque en dos casos aceptaba que se hiciera en una sola palabra: "excombatiente", "excautivo".

Como señala con mucha razón Fernando Díaz Lozada en su columna de La Nación, es una inconsistencia manifiesta. Porque "ex" era en latín preposición y prefijo y en el primer caso se escribía separado del nombre, pero ni en latín ni en castellano "ex" ha sido jamás adjetivo y no hay que inventar una razón peregrina para escribirlo separado. En castellano "ex-" es siempre un prefijo, salvo en el caso de que se sustantive, como ocurre en el habla coloquial: "No conozco a tu ex."

Esta inconsistencia, en la reciente Ortografía de la lengua española (2010), ha tratado de resolverse de manera todavía incoherente. Las Academias recomiendan que se escriba en una sola palabra cuando se trata de un nombre: "exministro", "expresidente", "excongresista", pero admite que se siga escribiendo como si fuera una preposición (aunque no lo sea), cuando antecede a un segmento complejo: "ex alto cargo", "ex primer ministro"... La ortografía no es natural, sino una convención llena de inconsistencias y esta será una más. Lo importante es que no se confunda al menos la naturaleza gramatical de los elementos.

Siempre es posible crear combinaciones y derivados inusitados y entonces la inseguridad puede hacer que nos sintamos más cómodos poniéndoles un guión como disculpa, y así el personaje de Pedro Camacho en La tía Julia y el escribidor de Mario Vargas Llosa se refiere al Perú como "el ex-Imperio de los Incas". Pero en cualquier caso, los prefijos no necesitan espacio libre ni guión para constituir un derivado léxico y la ortografía castellana tampoco los aconseja, más bien los deplora.

En general antes se consentía este uso de "ex" con guión: "ex-Congresista", "ex-Campeón", porque también permitía mantener la mayúscula (que no era necesaria). Hoy por hoy resulta ridícula.


Entonces debemos acostumbrarnos a escribir: "exsecretario", "exmilitar", igual que "vicepresidente". Este último titular que recojo en un periódico se lleva el premio ya que en una sola frase junta "ex regidores" y "pre candidatos", y más abajo menciona a una "ex consejera" y repite tres o cuatro veces eso de "pre candidatos"; es claro que debió escribir: "exregidora", "precandidatos" y "exconsejera".

En este último caso y en otro que le sigue resulta tonto escribir "quien también es ex consejera", lo mismo que: "quien es ex regidora". Perfectamente pudo decir: "quien también fue consejera" y "quien fue regidora". Para algo tenemos las conjugaciones verbales en castellano.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Falsa alarma

En el idioma como en tantas cosas de la vida nos dejamos llevar por la mayoría tanto así que formas poco frecuentes pueden resultar algo sorprendentes aunque sean perfectamente gramaticales, por lo que la conciencia metalingüística no es un mecanismo ciego sino que está muy influenciado por el entorno. De ehcho, nos dejamos llevar por la mayoría incluso cuando se trata de un error, sobre todo si es que esa mayoría incluye a las "personas de respeto" y, hoy en día, a los locutores y periodistas, a los toreros, a los actores y en general a la gente de la farándula, aunque todavía los profesores, como en general los escritores y las personas cultivadas siguen teniendo, seguramente mucho menos que antes, cierta ascendencia en el dinamismo de la fuerza de imitación que caracteriza al lenguaje como a cualquier otro fenómeno esencialmente humano.
Lo digo por este caso de vacilación gramatical. Es posible en castellano decir "policías alertas" como se ve en estos titulares de El Comercio o en este otro mucho más reciente de La Industria de Trujillo. Parece que lo que debería decir es "policías en alerta", pero no se trata de un error gramatical.
En realidad lo mismo vale decir "policías alertas" como "policías en alerta", como vemos en el titular de El Trome o en el de Terra que se ven a continuación, sino que la primera combinación es mucho menos frecuente que la segunda.

El término "alerta" parece ser un italianismo del ámbito militar "poner alerta", y luego dio origen a un verbo derivado: "alertar", y adoptó también la categoría de adjetivo, empleo en que aparece muy escasamente. Se trata además de un adjetivo episódico (similar a despierto, preparado, tranquilo), y presenta un contenido aspectual resultativo (es un estado que resulta de la acción de haber sido alertado), por lo que solo admite el verbo estar, mientras que nunca se predica del verbo ser. Así se puede decir: "los policías están alertas", pero no: "los policías son alertas". El verbo estar está tácito en el titular: "10 mil policías [estarán] alertas". Igual lo encontramos en estas noticias de Nicaragua, Ecuador y de Uruguay:



La perplejidad puede provenir también del hecho de que no se puede emplear en predicados permanentes: "*Nombrarán [a] diez policías alertas" (porque no siempre estarán así), sino en predicados transitorios: "Encontrarán [a] diez policías alertas" (se entiende que los encontrarán en un momento en el que estarán así).
Manuel Seco, con la exactitud que lo encumbró en la filología española, señala que como adjetivo tuvo variación de género y cita un ejemplo tomado de Antonio Machado: "los centinelas alertos". Reconoce que hoy es poco común esta moción de masculino y que el adjetivo se utiliza ya solo con variación de número. Uno de los testimonios que ofrece es del propio Mario Vargas Llosa: "todos sus sentidos alertas".[1]
El italianismo parece que entró primero como sustantivo y es que así suele aplicarse como modificador para caracterizar a cualquier persona , animal o institución mediante la preposición "en", que indica precisamente 'situación', y como es la fórmula más antigua, extendida y común, pues por ello parece que fuera también más correcta que la otra, aunque ambas posibilidades lo son, en función al sistema gramatical, de igual manera.




[1] Manuel Seco, Diccionario de dudas de la lengua española, Madrid, Espasa-Calpe, 9a ed., 1986, p. 29.